Queridos conciudadanos:

Nos hemos congregado para celebrar juntos el comienzo de nuestro camino como Nación hacia una vida independiente.

Es un día de alegría: por la libertad anhelada y conseguida con el esfuerzo de todos, y gracias también a la ofrenda generosa y abnegada de tantos compatriotas a lo largo de la historia.

La palabra de Dios que acabamos de proclamar nos invita a apreciar y a vivir en esa auténtica libertad, porque a eso hemos sido llamados.

 Es un día de esperanza: porque confiamos que es posible pensar y trabajar juntos por una Patria mejor, más justa, más equitativa, más fraterna, más inclusiva.

La palabra de Dios nos sugiere el camino: hacernos servidores los unos de los otros por el amor, es decir, buscar siempre el bien de todos, el bien común.

Es un día de compromiso: procurando sinceramente erradicar el odio y los enfrentamientos estériles, las grietas inútiles.

La palabra nos advierte con cierta severidad: “si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros”.

El precioso ejemplo de san José Gabriel del Rosario Brochero en Traslasierra nos desafía y nos alienta. El santo Cura anunciando el evangelio, favoreció el encuentro y la colaboración entre todos, creyentes y personas de buena voluntad, y promovió así el bien común  y una vida más digna para todos, conforme al designio de Dios.

Con humildad pidamos a Dios, por intercesión de san José Gabriel y “la Purísima”, Nuestra Señora de Luján, nos aleje del peligro de desencuentros y enfrentamientos y nos conceda la gracia de poder construir entre todos una Patria de hermanos.

Recemos, entonces, una vez más la “oración por la Patria”:

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.

Nos sentimos heridos y agobiados.

Precisamos tu alivio y fortaleza.

Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad

y el compromiso por el bien común.

Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofrenden, aborreciendo  el odio y construyendo la paz.

Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda.

Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor, cercanos a María, que desde Luján nos dice:

¡Argentina! ¡Canta y camina!

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Amén.

Fotografías: Martín Gómez

 

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