La ceremonia fue a las 20 en la Iglesia Catedral de Córdoba Nuestra Señora de la Asunción, con participación de familia, amigos, hermanos sacerdotes, obispos del país, niños y jóvenes, gente querida que acompañó al Padre “Chobi”, como le dicen sus allegados.

La ceremonia de asunción en la que el presbítero Roberto Pío Álvarez, Obispo Titular de Sozópoli de Emimonto y auxiliar de Comodoro Rivadavia , designado por el Santo Padre el Papa Francisco el pasado 28 de Noviembre; fue presidida por el Arzobispo de Córdoba Monseñor Carlos Ñáñez, como obispos co consagrantes Mons. Pedro Javier Torres, y Mons. Ricardo Seirutti, Obispos Auxiliares de Córdoba.

Participaron de la celebración: Mons. Joaquín Vicente Gimeno Lahoz, Obispo de Comodoro Rivadavia; Mons. Vincenzo Turturro, Secretario del Nuncio Apostólico;  Mons. Sergio Buenanueva, Obispo de San Francisco; Mons. Samuel Jofré Giraudo, Obispo de Villa María; Mons. Hugo Araya, Obispo de Cruz del Eje; Mons. Adolfo Uriona F.D.P., Obispo de Villa de la Concepción de Río Cuarto; Mons. Gustavo Gabriel Zurbriggen, Obispo Prelado de Deán Funes; Mons. Alberto Sanguinetti, Obispo de Canelones, Uruguay; Mons. Marcelo Colombo, Obispo de La Rioja; Mons. José Melitón Chávez, Obispo de Añatuya;  Mons. José María Arancibia, Arzobispo Emérito de Mendoza; Mons. Roberto Rodríguez, Obispo Emérito de La Rioja; Mons. José Ángel Rovai, Obispo Emérito de Villa María.

En la Homilía, el Arzobispo de Córdoba se refirió cariñosamente hacia Monseñor Álvarez, expresándole que “la Iglesia nos recuerda con cierta solemnidad que el episcopado no es un honor, sino un servicio.

Además el prelado invocó a los Santos y Beatas cordobeses, afirmando que el ejemplo elocuente de San José Gabriel del Rosario Brochero, de la Beata Madre María del Tránsito y de la Beata Catalina de María lo inspiren y su intercesión lo ayuden en su nuevo minisiterio.

Al finalizar la ceremonia, monseñor Roberto Álvarez bendijo al pueblo congregado, caminando por la nave central de la Catedral de Córdoba, junto a monseñor José Ángel Rovai y a monseñor Joaquín Vicente Gimeno Lahoz, Obispo de Comodoro Rivadavia.

Luego agradeció a todos por estar, sobretodo el acompañamiento de su primo, el Pbro Horacio Álvarez,  a quien llamó el mejor cura del mundo. Agradeció a su familia, a la Iglesia, y recordó el paso por cada una de sus comunidades. Además expresó que en sus 19 años de cura sintió el acompañamiento de la mujer, sobre todo de la vida religiosa, sintiendose muy mimado siempre. Para finalizar pidió que recen por él para que siempre quede atado al ministerio, aunque eso sea un sacrificio.

Compartimos la totalidad de la Homilía de Monseñor Carlos José Ñáñez en la celebración de la Ordenación Episcopal de Monseñor Roberto Pío Álvarez:

Queridos hermanos y hermanas:

Nos congregamos esta tarde en nuestra Iglesia Catedral para acompañar a nuestro hermano, el Padre Roberto Álvarez, que en instantes más por la imposición de las manos de los obispos que estamos presentes y por la oración de la Iglesia va a ser agregado al Colegio episcopal.

Este acontecimiento demanda de todos nosotros, ante todo, una actitud de fe para discernir la obra del Señor que ungirá al P. Roberto con la plenitud del don del Espíritu Santo. Postula también una actitud de sincera caridad que nos mueva a estar cerca de él con nuestra ayuda y cariño fraternal. Esta actitud se vuelve especialmente exigente para sus papás y sus seres queridos que, si por una parte se alegran por este don inmenso del Señor, por otra parte experimentan también la nostalgia de una próxima partida a un lugar distante. Y es igualmente exigente para la Iglesia que está en Córdoba que quiere “dar desde su pobreza”, colaborando con una Iglesia hermana necesitada de ayuda fraternal.

La Palabra de Dios que hemos proclamado nos habla de la generosidad, casi sin límites, de Ana con respecto a su hijo Samuel. Ese testimonio deberá inspirar siempre al P. Roberto, como no dudo que está inspirando la generosidad de sus papás, sus hermanos y todos sus seres queridos. Nos habla también del gozo de la entrega, en la experiencia de nuestra Madre, la Virgen Santísima. Esto nos trae a la memoria que Dios no se deja ganar en generosidad y que a una entrega esforzada la acompaña siempre con un gozo difícil a veces de describir pero igualmente intensamente real.

La misión del P. Roberto será la de colaborar con  un hermano mayor en el episcopado en la tarea de anunciar el evangelio, predicándolo incansablemente. En la de dispensar la gracia que deberá impetrar en la oración y comunicar a través de la celebración de los sacramentos, especialmente  de la Santísima Eucaristía. Y en la de la animación y acompañamiento de la obra apostólica encaminada a plantar y expandir el Reino de Dios.

Con nuestra oración, fervorosa y confiada, encomendamos al Señor a nuestro hermano para que desempeñe su ministerio en espíritu de auténtico servicio.

En cuanto a ti, querido Roberto, la Iglesia nos recuerda con cierta solemnidad que el episcopado no es un honor, sino un servicio. Una anterior traducción del Pontifical decía: “el episcopado no es un honor, sino una carga”. Las palabras son entonces por demás elocuentes. La cercanía de la Navidad, la contemplación del pesebre, te puede ayudar a determinarte a brindar ese servicio en espíritu de sincera humildad, haciéndote todo para todos. Tienes que tener en cuenta, además, que la escena del pesebre alcanza su culmen en el acontecimiento del calvario. El Niño de Belén es el Señor de la cruz. La contemplación asidua del calvario te mueva por tanto a que tu entrega a Dios nuestro Señor y a su Pueblo santo sea generosa y fiel hasta el fin.

Viviendo en ese espíritu, encarnando esas actitudes, serás verdaderamente discípulo-misionero de Jesús, portador de un mensaje que se ha hecho carne en tu vida. Viene a propósito recordar lo que hermosamente nos enseñaba el Beato Papa Pablo VI en su exhortación apostólica “Evangelii nuntiandi”: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan  es porque dan testimonio” (EN, 41).

Tu ministerio te demandará, además, ser promotor y custodio de la comunión. Ante todo con el Papa, que preside el Colegio de los obispos y al cual vas a prometer obediencia; con tus hermanos obispos, ante todo con el obispo del cual eres auxiliar; con todos tus hermanos miembros del Pueblo fiel a quien debes cuidar junto al obispo diocesano y al otro auxiliar, compañero tuyo de misión y de labor.

La experiencia del camino pastoral que has venido recorriendo en la Iglesia que está en Córdoba, las tareas de preparación del próximo sínodo arquidiocesano, con las cuales has colaborado, pueden ayudarte y estimularte a caminar juntos y a trabajar juntos en la Iglesia que está en Comodoro Rivadavia, cuidando especialmente a los más pequeños y a los más frágiles. Que el ejemplo elocuente de San José Gabriel del Rosario Brochero, de la Beata Madre María del Tránsito y de la Beata Catalina de María te inspiren y su intercesión te ayuden en la concreción de esos propósitos.

Por fin, querido P. Roberto, te vas desde una Iglesia que honra a María con el título de “Nuestra Señora del Rosario” a una Iglesia hermana que la honra con el título de “Auxiliadora”. En tu tarea de auxiliar a tu hermano Joaquín, el obispo de Comodoro Rivadavia, María Santísima sea tu auxilio constante y el santo rosario sea tu compañía frecuente y te enseñe y te anime a seguir siempre las huellas de Jesús, como con tanta generosidad y fidelidad lo hizo su Madre Santísima.

Y que todo esto puedas realizarlo, como dice el Pontifical Romano: “En el nombre  del Padre, cuya imagen representas en la Iglesia. En el nombre del Hijo Jesucristo, cuyo ministerio de Maestro, Sacerdote y Pastor ejerces. Y en el nombre del Espíritu Santo, que vivifica a la Iglesia de Cristo y fortalece con su poder nuestra debilidad”. Que así sea.

+  Carlos  José  Ñáñez

Arzobispo de Córdoba

Fotografía: Martín Linarez

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