Madre de nuestra Iglesia de Córdoba que acompañas siempre el peregrinar de nuestro pueblo.

En estos tiempos difíciles para la Patria y el mundo, danos la certeza de que tu Hijo Jesucristo,
Señor de la Historia,
funda y sostiene la esperanza de los que trabajan por la paz
en la justicia, la solidaridad, y el amor.

Ayúdanos a confiar en Aquél
que “reconocemos al partir el pan” y que,
frente a la incerteza del futuro,
nos invita a “navegar mar adentro” y, ante la tentación del desánimo,
nos desafía a “echar las redes”.

Enséñanos a convertirnos con humilde valentía
de todo lo que nos impide
realizar más claramente el designio del Padre,
que nos llama a ser “casa y escuela de comunión”,
Iglesia “samaritana”, servidora del Reino,
signo e instrumento de reconciliación y fraternidad.

Que a esta tarea
nos sintamos convocados todos los que formamos el Pueblo
de Dios para que cada bautizado la asuma y viva como propia.

Santa María, Nuestra Señora del Rosario, te agradecemos y te pedimos que nos acompañes en este caminar. Amén.

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