Compartimos un extracto de la Homilía dominical de nuestro arzobispo Mons. Carlos José Ñáñez, en la Eucaristía celebrada en la Parroquia “San Ramón Nonato” de la ciudad de Córdoba.

“Nosotros pasamos en nuestra Patria por un momento difÍcil. De descrédito . De una situación social difícil. Y en la Iglesia también. No sólo por las dificultades que experimentamos cerca nuestro en nuestra Patria, sino en la Iglesia en todo el mundo. Y aquí es bueno pensar algo que el Papa Francisco les decía a los sacerdotes en Chile, relativamente hace poco , en enero pasado: tenemos que reconocer nuestras heridas, nuestras llagas, no esconderlas, reconocerlas. Y desde esa llagas acercarnos a la sociedad herida. Para tener una actitud compasiva, misericordiosa, porque nosostros mismos estamos afectados por esa fragilidad y para plantear caminos que permitan superar esas situaciones. Superarlas en la verdad, con justicia, con coherencia con paciencia, con constancia. Poniéndonos en manos de aquel que puede ayudarnos a superar esas fragilidades aquel que puede curar las heridas y ayudandonos entre todos, porque nadie sale de esta situaciones solo y con su solo esfuerzo, sino con la ayuda de Dios, que nos ofrece abundancia en Jesús, y con la ayuda de nuestros hermanos.

Fijémonos lo que decía el Papa en esa circunstancia. Estamos invitados a no disimular, no esconder nuestras llagas. Una Iglesia con llagas es capaz de comprender las llagas del mundo de hoy, sufrirlas, acompañarlas y buscar sanarlas. Una Iglesia con llagas, no se pone en el centro, no se cree perfecta, sino que pone allí al único que puede sanar las heridas y tiene nombre: Jesucristo. La conciencia de tener llagas nos libera, sí, nos libera de volvernos autoreferenciales, de creernos superiores. Qué bonitas esta palabras y que densas en su mensaje, lo que el Papa nos dice.

Pero volvamos también a la situación de nuestra Patria. Ciertamente hay problemas económicos, están en los medios permanetemente. Y tiene consecuencias sociales. Hay hermanos nuestros que sufren a consecuencia de esos problemas. Y tiene implicancias políticas porque está señalando que a veces no se está a la altura de la circunstancias para buscar y gestionar el bien común, pero no nos engañemos. El problema de nuestra Patria, no es en primera instancia económico, social, político, es un problema moral, no terminamos de observar con cuidado las leyes justas. Y siempre estamos pendientes a ver de como podemos esquivar con el famoso tema de la viveza criolla o de la agachada. Y más hondamente, el problema es espiritual. Somos libres, sí. Pero con una libertad que es limitada y que es frágil. Y podemos equivocarnos, y por eso es importante escuchar el corazón y lo que está en el fondo del corazón.

Y la sabiduría de la humanidad y las religiones, llegan a identificar un núcleo fundamental que nos dicen, no hay que hacer el mal a nadie, hay que hacer el bien. Eso esta en lo hondo del corazón humano, y hay que escuchar esa hondura. Y en la tradición judeo-cristiana, nosotros tenemos una enseñanza que aparece en el libro de Tobías, y dice: no hagas a los demás, lo que no quieras que los demás hagan contigo. Y del Evangelio encontramos eso mismo pero en positivo, traten a los demás como les gustaría que los demás lo traten e uds. eso es en definitiva lo que debemos afrontar a fondo en nuesta patria. Dejar de ver quiénes tienen la culpa de lo que pasa y preguntarnos todos nosotros, ¿No tenemos algo que ver? ¿Ésto no es un problema de todos? ¿Un problema moral, un problema espiritual?

Pero el escuchar la Palabra, ponerla en práctica, tiene también una perspectiva esperanzadora, porque no es solamnete lo que tenemos que hacer, sino  que Jesús nos ofrece la fuerza necesaria transformando el corazón para poner en práctica esa Palabra, lo que decía el Papa. Señalar quien puede sanar las heridas. Jesucristo y su gracia. Si nosotros le abrimos el corazón a su palabra, a su gracia y nos dejamos transformar puede surgir algo nuevo. Eso es lo que necesitamos en nuestra Patria.

Recuerdo que con ocasión de las circunstancias difíciles que se vivieron  allá por el año 2001, 2002, el Episcopado publicó una pequeña declaración que decía: la Patria necesita algo inédito, y lo inédito es ésto. Que hagamos un pacto entre todos, de ser buenos, y de practicar la bondad. El problema es moral, es espiritual, Jesús nos tiene un mensaje de esperanza y de gracia para todos. Escuchémoslo, escuchémoslo…”

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