La Misericordia en las Sagradas Escrituras

0
835

La experiencia bíblica de la Misericordia nos revela el amor de Dios que camina con su pueblo. Proponemos aquí un material que encontramos mas desarrollado en  libro “Misericordiosos como el Padre”, Reflexiones y sugerencias para vivir el Jubileo de la Misericordia, de la Oficina del Libro de la CEA, 2015.

Los textos del AT ponen de relieve la centralidad de la Misericordia. Cuando los israelitas acababan de sellar la alianza que Dios les había ofrecido, se postraron ante el becerro de oro y así se produjo la primera apostasía (Ex 32,1-6). El Señor amenazó con destruir al pueblo, pero Moisés intercedió y Dios “se arrepintió del mal que haría con su pueblo” (Ex 2,14).

A continuación se relata que Moisés pidió al Señor que le permitiera ver su gloria. La respuesta fue inicialmente negativa, porque “nadie puede verme y seguir viviendo”; sin embargo, “haré pasar ante ti toda mi misericordia y pronunciaré ante ti el nombre del Señor” (Ex 31,18-19). Dios, no puede ser visto por ningún ser humano, se revela mostrando su bondad y su misericordia. Él despliega su bondad y de esta manera todas sus criaturas tienen posibilidad de conocerlo. Por esa razón, cuando pasó ante Moisés, se proclamó su nombre con una fórmula que quedó fijada como la más clara descripción de quién es Dios: “El Señor es un Dios misericordioso y clemente, lento para enojarse y rico en misericordia y fidelidad” (Ex 34,6). Esta fórmula se repetirá con mucha frecuencia en las distintas tradiciones que se conservan en la Escritura.

Este texto tiene gran importancia dentro del conjunto de los relatos bíblicos, porque se ocupa del primer acto en el que por medio de la alianza de Israel comenzó a ser el pueblo de Dios. En él quedan perfilados los distintos caracteres: el pueblo que se inclina hacia la apostasía, al mismo tiempo que Dios se muestra como misericordioso, siempre dispuesto a perdonar.

Los términos con que se expresa la misericordia

Los libros del AT y NT muestran la forma en que Dios, en sus múltiples intervenciones dirigidas a llevar la salvación a los seres humanos, se fue revelando a través de sus actos de amor. Para expresar estas manifestaciones del amor de Dios las ediciones de la Biblia en lenguas modernas recurren con frecuencia al término “misericordia”. Esta es una herencia de la Biblia en latín. En las lenguas originales de la Biblia (hebreo – arameo – griego) no existe un término que responda exactamente con “misericordia”. Los traductores que hicieron las versiones de la Sagrada Escritura al latín en los primeros siglos se sirvieron de la palabra latina “misericordia” y del verbo correspondiente “misereri = tener misericordia”, para representar varios términos hebreos y griegos que expresan distintas formas de amor. Los autores latinos definían la misericordia como “la pena que se siente ante la miseria de una persona que padece injuria”.2 Pero la palabra “misericordia” que se encuentra en la versión latina y en las traducciones modernas de la Biblia no expresan solamente una “pena”, sino que está cargada de nuevos sentidos y muestra una gran riqueza porque concentra los matices propios varios términos hebreos y griegos que se refieren al amor.

En el pensamiento semítico, y en particular en el hebreo, el amor no se refiere tanto a los sentimientos íntimos de una persona hacia otra, sino más bien a la ejecución de actos de bondad de uno hacia otro. Entre los términos hebreos que con mayor frecuencia son traducidos como “misericordia” en las Biblias latinas y en las versiones modernas ocupa un primer lugar hésed, que se puede traducir como “amor”, y designa los actos con que una persona favorece a otra: “hacer hésed a alguien” (Gn 19,19; 20,13; 21,23; etc.) se entiende cómo “hacer el bien a esa persona”. En muchos casos se puede observar que la demostración del hésed surge de un compromiso contraído por el parentesco o por una alianza.

Cuando se dice que Dios muestra su hésed (2Sam 15,20; Sal 17,7; 85,8), se trata de los actos de salvación, paz, redención, justicia… qué él realiza en atención a la alianza. Con frecuencia se dice que el Señor es “rico en hésed y fidelidad” (Ex 34,6; Sal 86,15; etc.). La abundancia del amor divino se fortalece con la afirmación de su fidelidad, su permanencia invariable. El amor y la fidelidad constituyen como los dos pilares que dan garantía a la alianza de Dios con su pueblo. También se traduce por “misericordia” el sustantivo hen, y el verbo correspondiente hanán, que tienen el sentido de “mostrarse favorable”, indican el favor, la buena disposición de una persona hacia otra.

Es frecuente la expresión “Encontrar hen ante los ojos de…” para decir que alguien es aceptado con benevolencia por otra persona que lo mira favorablemente (Gn 6,8; Ex 33,12-17). Del Señor se dice que 1 Aquí compartimos algunos fragmentos del artículo “La misericordia en la Sagradas Escrituras” de Mons. Luis Heriberto Rivas, en el libro “Misericordiosos como el Padre”, Reflexiones y sugerencias para vivir el Jubileo de la Misericordia, de la Oficina del Libro de la CEA, 2015 2 Los filósofo estoicos rechazaban la misericordia porque tratándose de una “pena ante el sufrimiento ajeno”, veían que ese sentimiento era indigno del hombre sabio, indiferente ante los pasiones y los sentimientos, como era el ideal de la filosofía estoica: “los hombres buenos… evitarán la misericordia, porque es un vicio del alma débil”. escuchará, aceptará con benevolencia, el clamor del pobre que reclama su abrigo dado como prenda: “porque yo me muestro favorable” (Ex 22,26).

Los traductores también entienden como “misericordia” el término rehem (plural rahamim) y el verbo raham, que están relacionados con la interioridad, con el seno materno, y se utilizan para expresar “compasión”, los sentimientos profundos ante la miseria de otra persona. Se habla del rehem del Señor, comparándolo con el de un padre respecto a su hijo (Sal 103,13), y se dice que es superior al de una madre por sus hijos (Is 49,15). El plural rahamim alude más directamente a las entrañas, y esto de agrega el matiz de la emoción; expresa los sentimientos de compasión, de ternura, que surgen de las entrañas, lo entrañable de una persona (Gn 43,30). De esta manera se habla con gran audacia de los rahamim del Señor (1Cr 21,13; etc.).

Los traductores griegos que compusieron la versión griega del AT escogieron los términos éleos. oiktirmós y splágjna para traducir las palabras hebreas detalladas más arriba.

Éleos expresa la emoción que se experimenta ante el sufrimiento o la pena que padece otra persona o que puede amenazar a uno mismo. Oiktirmós indica el lamento, la expresión visible de emoción por el que padece. Finalmente, el plural splágjna indica las entrañas, los órganos interiores de un animal o de una persona (2Mac 9,6). Cuando se trata de las personas, las entrañas son consideradas como la sede de las pasiones y deseos que surgen del interior del ser humano; viene a significar lo mismo que el corazón (Eclo 30,7; 33,5), y también de puede traducir como “amor entrañable” (Sab 10,5). El verbo derivado de la misma raíz de splágjna, fue utilizado por los autores del NT con el significado de “conmoverse las entrañas” (Mt 15,32; 18,27; 20,34; Mc 1,41; 8,2; 9,22). La Vulgata lo tradujo como “tener misericordia”, y entres lugares del evangelio de Lucas introduce la novedad de traducir como “movido por la misericordia” (Lc 7,13; 10,33; 15,20).

El Antiguo Testamento: Dios misericordioso, perdona los pecados. En el AT los términos asociados con la misericordia se aplican preferentemente a Dios. Son sorprendentes las imágenes que se usa en el libro de Oseas para describir la forma en que Dios dice que “ama” a los israelitas cuando busca ser correspondido por ellos (Os 11,1-4); y la misma idea aparece en otros libros, de manera especial en Deuteronomio (4,37; 7,8; 7,13; 10,15, 23,6).

Si para los autores griegos y latinos la misericordia consistía en una emoción, una pena; en los libros sagrados no queda en el campo de lo afectivo sino que se desplaza hacia lo efectivo. Lo central no se ubica en los sentimientos, sino en las acciones que se producen a partir de aquel.

Amar es hacer el bien. Israel no conoció a Dios como una filosofía, sino que llegó a conocerlo cuando experimentó sus actos de amor y salvación. Los adjetivos “misericordioso” y “clemente” quieren decir que Dios se conmueve ante la miseria del otro, y además se muestra favorable (Ex 34,6). La aclamación pone en primer plano la inmensa bondad de Dios, que se conmueve ante la miseria de los seres humanos; y luego la lentitud de Dios para enojarse. Aunque este Dios que se revela como misericordia, aparece al mismo tiempo actuando con ira y violencia, afirmando claramente su decisión de castigar al pecador (Ex 34,6-7); lo que muestra que la fidelidad de Dios en su misericordia no significa que es indiferente ante el pecado, sino que lo aborrece.

Israel veía los desastres del pueblo y de los individuos como expresión de la ira del Señor, lo que era difícil de conciliar con la afirmación de la misericordia divina. Pero Dios siempre es lento para el enojo, dejando tiempo para el arrepentimiento.

Otros textos que revelan la misericordia de Dios hacia los individuos y su pueblo: obligando a devolver la capa al pobre que clama (Ex 22,25-26); con los más débiles y vulnerables de la población (Dt 10,18-19; 14,29; 16,11.14; etc.). Los autores de los salmos claman a la misericordia de Dios en situaciones desesperantes (Sal 84,14-16; 116,5; 136). La afirmación de Dios que manifiesta su misericordia cuando perdona los pecados se va imponiendo hasta llegar a ser común en el AT (Num 14,19; Sal 103,2-12; Sab 11,23; Eclo 2,11; 17,29); incluso debe ser imitada esta actitud de perdón por los hombres (Eclo 18,13; 28,2-4).

(Para profundizar: “La misericordia en las Sagradas Escrituras” de Mons. Luis Heriberto Rivas, en el libro “Misericordiosos como el Padre”, Reflexiones y sugerencias para vivir el Jubileo de la Misericordia, de la Oficina del Libro de la CEA, 2015)

No hay comentarios

Dejar respuesta