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Homilía en el Te Deum del bicentenario (08. 07. 16)

Sr. Gobernador de la Provincia, autoridades civiles, militares y de las fuerzas de seguridad, miembros del honorable cuerpo consular, representantes de las tradiciones religiosas, hermanas y hermanos todos:

Nos congregamos en esta “casa” de Dios en vísperas de la celebración del bicentenario de nuestra independencia nacional. Nos embarga un sentimiento de alegría por la libertad de nuestra Patria, que festejamos con un “grito sagrado”; y también un sentimiento de honda satisfacción por la mayoría de edad alcanzada hace ya dos siglos, que nos permite ser una Nación independiente “de toda dominación extranjera”.

El sueño de nuestros próceres, San Martín, Belgrano, Güemes y tantos otros, fue el de forjar una Patria que fuera un ámbito de libertad y al mismo tiempo un ámbito acogedor, cálido, para todo aquel que quisiera habitar este bendito suelo. Un sueño que evoca el hogar, la casa de familia.

La declaración de la independencia en Tucumán tuvo lugar, precisamente, en una casa de familia facilitada a los congresales que se reunieron en esa ciudad. La “casa histórica”, como se la denomina. La “casita” de Tucumán como cariñosamente la llamábamos y la dibujábamos, mientras aprendíamos nuestras primeras letras en la escuela. La casa simboliza el clima de confianza mutua y de libertad que elegimos para vivir como Nación independiente.

La palabra del evangelio que acabamos de escuchar nos invita a su vez a construir la casa sobre la roca, es decir, sobre fundamentos sólidos. Ese fundamento sólido para nosotros no debe ser otro que el de un proyecto de país en el que todos podamos reconocernos y en favor del cual todos podamos confluir con nuestro esfuerzo común. Éste es un desafío que concierne en primer lugar a las autoridades públicas y a quienes hacen de la política una vocación y un servicio en favor del bien común, pero es un desafío que nos concierne a todos los argentinos como ciudadanos.

Los miembros de la comunidad católica, junto a los representantes de otras tradiciones religiosas valoramos y amamos de verdad la “casa de todos”, la “casa común”, que es nuestra Patria. Procuramos también aportar con nuestro esfuerzo a la construcción y al cuidado de la misma.

Como expresión de ese anhelo, desde hace varios años, en cercanía del nueve de julio, los creyentes de diversas comunidades nos reunimos en un momento de oración para encomendar a Dios a nuestra Patria, a sus autoridades y a todos sus ciudadanos, para que en su bondad nos bendiga y proteja. Hoy lo hacemos aquí, en esta Iglesia que -como decíamos recientemente- de algún modo simboliza “el alma” de nuestra ciudad.

Junto a la oración común, queremos sumar nuestro compromiso cotidiano. Las enseñanzas de san Pablo que hemos escuchado nos orientan y nos desafían como creyentes y ciudadanos. El apóstol nos propone cultivar algunas actitudes convenientes y aun indispensables para la vida y la tarea en común: la compasión, la benevolencia, la paciencia; expresiones preciosas de solidaridad y de calidez humana.

San Pablo nos recomienda también y de manera especial la humildad que es la virtud que nos permite reconocer, por una parte, los dones que Dios nos ha regalado y, por otra, descubrir y aceptar también nuestras limitaciones y fragilidades. Una virtud ésta, la de la humildad, en la que que a veces nos impide reconocer y corregir nuestros propios errores y faltas, y que los argentinos debemos ejercitarnos con constancia, evitando todo tipo de suficiencia muchas veces nos ha hecho malograr oportunidades de progreso y de mayor bienestar para todos.

El apóstol nos invita por fin a una actitud exigente pero especialmente fecunda: el perdón mutuo, cuyo fruto es la reconciliación. ¡Cuánto necesitamos de esa actitud en nuestra Patria! La celebración del bicentenario de la independencia puede ser una oportunidad propicia para abrir nuestro corazón a ella y para ejercitarnos en la práctica de un amor verdaderamente “perdonador”, que nos permita hacer la experiencia de un auténtico reencuentro y gozar de esa manera de una paz profunda.

La paz y la preocupación por construirla diariamente ha sido el punto de encuentro de los miembros de las distintas tradiciones religiosas presentes en Córdoba. Expresión privilegiada de ello es la existencia y la tarea entre nosotros del Centro Ecuménico Cristiano de Córdoba y del Comité Interreligioso por la Paz. Como comunidad católica agradecemos hoy la presencia y la compañía de los miembros de esas tradiciones y quisiéramos comprometernos con ellos a difundir esta experiencia de convivencia respetuosa y armoniosa que es ejemplar en un mundo que vive con frecuencia atribulado por sucesivos y dolorosos desencuentros.

Otro acontecimiento importante que tendrá lugar durante este año del bicentenario y que nos concierne de algún modo a todos los cordobeses es la canonización del Beato José Gabriel del Rosario Brochero el próximo 16 de octubre en Roma. El Padre Brochero fue un sacerdote que trabajó con todo aquel que quisiera colaborar con él buscando el bien de todos. Dando gloria a Dios a través de sus innumerables iniciativas fue un ministro insigne de su fe y un ciudadano respetuoso de sus deberes cívicos, promotor incansable del bien común.

Al despedirlo cuando partía desde su natal Villa Santa Rosa para incorporarse al Seminario de Loreto, en Córdoba, su madre le dijo: “Dios cuenta contigo, hijo, para construir nuestra patria, no lo defraudes”. Brochero cumplió con creces el mandato materno. No dudamos que junto a “su” Purísima, la Virgen María, interceden ante Dios Nuestro Señor por nuestra Patria y nuestra Provincia.

Como Iglesia que está en Córdoba queremos, Sr. Gobernador, obsequiarle una imagen de este santo sacerdote para que honre la casa de gobierno, que es también “la casa de todos”, y para que el ejemplo de este cordobés insigne nos estimule a todos a servir con generosidad a nuestra querida Patria y a nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados.

Que Dios a quien invocamos como “fuente de toda razón y justicia” nos ayude a concretar nuestros más caros y nobles ideales y nos bendiga con abundancia a todos los cordobeses y a todos los argentinos. ¡Y que viva nuestra querida Patria! Que así sea.

+ Carlos José Ñáñez

Arzobispo de Córdoba

Fotos: Carolina Pedri

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