En las familias se aprenden las cosas que nos acompañarán toda la vida. En ellas se forman nuestros valores. Y, sobre todo, son el lugar donde primero descubrimos el amor a través de nuestros padres y nuestros hermanos, reflejo del amor de Dios. Amar y ser amados nos humaniza, nos ayuda a reconocer el amor de Dios. Jesus nos ha revelado este camino. Vivamos este amor en nuestras familias uniéndonos en la oración.

“¿Qué mundo queremos dejar para el futuro? Dejemos un mundo con familias. Cuidemos las familias porque son verdaderas escuelas del mañana, son espacios de libertad, son centros de humanidad.

Y reservemos un lugar destacado en ellas para la oración, personal y comunitaria.

Recemos para que las familias, gracias a una vida de oración y a una vida de amor, se vuelvan cada vez más “laboratorios de humanización”.

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