Celebracion-ecumenica-2014-cordoba

En el marco de un nuevo aniversario de la declaración de la Independencia Nacional, ayer 3 de Julio a las 19.30 horas tuvo lugar un gran gesto de comunión por nuestra Patria, en la Capilla del Paseo del Buen Pastor Av. Hipólito Irigoyen 325, ciudad de Córdoba Argentina.

Con la convicción de que a la Argentina la construimos entre todos, la Iglesia Católica de Córdoba, el COMIPAZ (Comité Interreligioso por la Patria) y el Centro Ecuménico Cristiano de Córdoba convocaron por séptimo año consecutivo a la celebración ecuménica e interreligiosa por la Patria.

Estuvieron representadas las Iglesias: Comunidad Católica de Córdoba con el Arzobispo de Córdoba Monseñor Carlos Ñáñez, autoridades del COMIPAZ, Comunidad Israelita el Rabino Marcelo Polakoff, Comunidad Musulmana Imán Alí Badrán, Iglesia Evangélica Pastor Norberto Ruffa, Iglesia Evangélica del Río de la Plata Pastor Joel Nagel, Iglesia Metodista Pastor Pablo Oviedo, Iglesia Apostólica Armenia Diac. Mara Pedicino Keuroghlian, Iglesia Anglicana Susana Albó, Iglesia Ortodoxa Griega Patriarcado Ecuménico Pater Gabriel Díaz y por el Consejo de Pastores el Pastor Diösnel Galeano, y Monseñor Pedro Torres Obispo Auxiliar de Córdoba, Secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo, el Islam y las Religiones (CEERJIR).

Representando a las autoridades del Gobierno provincial estuvo presente la Vice Gobernadora Lic. Alicia Pregno, de la Municipalidad de Córdoba el Vice intendente Marcelo Cossar, autoridades del poder judicial, civil, y de las Fuerzas Armadas.

Memoria
La recepción estuvo a cargo de los miembros de la Zona Pastoral 1 de la ciudad; luego de las Palabras de bienvenida y de cantar juntos el Himno Nacional Argentino ingresaron los Textos Sagrados como el signo central que nos a los creyentes desde la Palabra de Dios.

De inmediato se hizo un repaso visual de los hechos de violencia acontecidos el 3 de Diciembre en la ciudad de Córdoba, al respecto el Obispo Auxiliar de Córdoba Monseñor Pedro Torres en declaraciones a un diario local expresó “Consideramos que si bien puede haber diversas responsabilidades en las situaciones sociales que vivimos, todos tenemos alguna y todos tenemos que trabajar juntos por una cultura de la paz el diálogo, del encuentro”.

Esta memoria dolorosa de nuestra Córdoba, dio lugar a un momento penitencial de oración común con los representantes de las distintas comunidades religiosas: “Todopoderoso Dios, nos encontramos en tu presencia hoy, celebrando el día de la Patria con corazones agradecidos por las múltiples e innumerables bendiciones concedidas a nuestro pueblo, sin embargo también nuestros corazones sufren por la realidad que vive nuestra Patria. Y debemos confesar que todos somos responsables esa la realidad que nos duele e interpela. Es por eso que te pedimos perdón por no saber cuidar y administrar los dones que nos has legado”, Señor, en tu misericordia perdónanos”, continuaba la oración.

El “yo” y el “nosotros”
El texto del Éxodo en el pasaje 6,28 – 7,7, fue elegido para iluminar la reflexión de este año centrada en el “yo” y el “Nosotros”, como una preocupación común a todas las iglesias, teniendo en cuenta que frente al individualismo reinante, hay que trabajar juntos desde el “nosotros”.
El Arzobispo de Córdoba Monseñor Carlos Ñáñez dirigió un mensaje destacando el valor de la fraternidad y el sentido de estas celebraciones como una ocasión para rezar, orar juntos por la Patria desde la identidad de cada confesión religiosa, “Fraternidad que es mucho más que solidaridad-dijo- porque nos permite encontrarnos, conocernos, ayudarnos, construir relaciones de mayor calidez”. En este sentido alentó a rezar con la actitud paciente del sembrador, ya que el Señor muestra sus frutos y la fecundidad de lo que juntos le suplicamos”. Valoró este gesto ecuménico e interreligioso por la unidad reconociendo la labor del COMIPAZ, y a la luz del gran gesto que realizó el Papa Francisco con su visita a Tierra Santa y luego la oración y el abrazo con las autoridades israelitas y palestinas que rezaron con él.

Luego de la proyección de un audiovisual que mostró la importancia de trabajar juntos por la Patria, el “nosotros” como una clave de fraternidad y de diálogo, todos rezaron una Oración de disponibilidad al compromiso, se realizó el saludo de la paz por parte de los representantes de las distintas iglesias, quienes antes de impartir la bendición final hicieron encendieron una vela como signo de que es posible encender una luz por pequeña que sea.

angelelli con gente

En la foto: Monseñor Enrique Angelelli junto a la gente.

En la tarde de hoy el Tribunal Oral en lo Criminal y Federal de La Rioja, integrado por los jueces José Camilo García Uriburu, Carlos Lascano y Juan Carlos Reynaga, condenó a prisión perpetua, en cárcel común, al ex general Luciano Benjamín Menéndez y al ex comodoro Luis Fernando Estrella como autores mediatos del homicidio del obispo Enrique Angelelli, ocurrido el 4 de agosto de 1976.

A casi 38 años de su muerte, hacemos memoria de monseñor Enrique Angelelli, a la luz de un texto de agosto de 1976 que relata el duelo que significó la muerte de este querido pastor, para toda la Iglesia y para el pueblo de Dios. Trascribimos además la homilía de monseñor monseñor Vicente Zaspe, arzobispo de Santa Fe y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Argentina en ese momento, cercano al padre Angelelli, que nos permite acercarnos al testimonio de este buen pastor, con un escrito verdaderamente lúcido, evangélico y esperanzador.

Fuente: Archivo Arzobispado de Córdoba, Argentina.
Luto en el Episcopado – Agosto de 1976. Muerte de Mons. Enrique Angelelli.

El Obispo de La Rioja y ex Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Córdoba, monseñor Enrique Angelelli Carletti, falleció el 5 de agosto de 1976, víctima de un accidente automovilístico, mientras transitaba por los caminos de su diócesis, cubriendo el recorrido entre la localidad de Chamical y La Rioja. Junto a él viajaba otro sacerdote, el padre Arturo Pinto, quien resultó con heridas de consideración de las que se ha recuperado, luego de ser asistido en La Rioja y en Córdoba, posteriormente.
Monseñor Enrique Angelelli, tenía 53 años de edad. Había nacido en nuestra ciudad, el 17 de julio de 1923.

Llamado muy joven por una firme vocación de consagrarse al bien de las almas, ingresó al seminario local, del que fuera alumno distinguido. De tal manera que por sus merecimientos y las dotes intelectuales, determinaron por parte de la autoridad eclesiástica su envío a Roma a objeto de completar más altos estudios en la Universidad Gregoriana. Obtuvo allí, brillantemente, la licenciatura en ambos derechos, ordenándose sacerdote el 9 de octubre de 1949 por manos de su eminencia Cardenal Traglia.

De regreso a Córdoba, desarrolló su labor ministerial en la Iglesia de Cristo Obrero. Su vocación por los problemas sociales lo llevaron de inmediato a desenvolver un amplio cometido en el campo católico del trabajo, desde la asesoría de la Juventud Obrera Católica, a la que dedicó sus mejores entusiasmos, labores que poco después debió compartir con el ejercicio de cátedras en el Seminario Mayor, como profesor de Derecho Canónico y de Sociología.

El 12 de diciembre de 1960 fue designado por el Papa Juan XXIII, obispo titular de Listra y auxiliar de monseñor Ramón J. Castellano, quien lo consagró en solemne ceremonia cumplida en la Iglesia Catedral el 12 de marzo de 1961 y de la que participaron el entonces arzobispo de Tucumán monseñor Juan Carlos Aramburú y quien era obispo diocesano de San Luis, monseñor Emilio Di Pascuo. El 11 de julio de 1968, fue nominado por Pablo VI para la Sede Episcopal de La Rioja, donde desempeñó su acción pastoral hasta el momento de su trágica desaparición.

EXEQUIAS
Los restos de monseñor Angelelli fueron velados en la Iglesia Catedral de La Rioja, guardándose en el panteón de los Obispos que allí mismo existe, junto a los de monseñor Froilán Ferreyra Reynafé. Las exequias se llevaron a cabo el viernes 6 de agosto, dando lugar a inequívocas muestras de pesar y adhesión de todo el Pueblo de Dios en La Rioja, y del Colegio Episcopal, que estuvo representado por el Señor Cardenal Raúl Francisco Primatesta, arzobispo de Córdoba y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina; el Señor Nuncio Apostólico, monseñor Pío Laghi; monseñor Vicente Zaspe, arzobispo de Santa Fe y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Argentina; y otros ocho obispos procedentes de diversas diócesis del país.

En pleno los miembros de la Iglesia en La Rioja, sacerdotes, religiosos/as, laicos y numerosos sacerdotes llegados desde otros puntos del país, participaron de la Misa concelebrada al despedir sus restos, la que fue presidida por el Cardenal Primatesta, quien había viajado a tales efectos desde Córdoba junto a su Obispo Auxiliar monseñor Alfredo Disandro, el Vicario General monseñor Pedro Eladio Bordagaray, y un grupo de sacerdotes, religiosas y laicos.

“Esta diócesis lo llorará, pero lo llevará en la oración esperanzada”

Homilía de monseñor Zaspe con ocasión del fallecimiento de monseñor Enrique Angelelli.

Eminentísimo Señor, Señor Nuncio Apostólico, Arzobispos, Obispos, hermanos sacerdotes, religioso, pueblo sencillo de Dios:

Esta tarde, La Rioja adquiere una imagen diferente; se insinúa, se profundiza, se manifiesta con dolor al mismo tiempo es un dolor transido por la esperanza, y aquí se expresa en la liturgia. La liturgia sabemos que es la actualización, el hacer presente el misterio pascual de Jesús, su muerte y su resurrección. La liturgia recuerda el misterio pascual, no sólo lo memoriza, lo actualiza, lo hace hoy, y al mismo tiempo extiende su mirada hacia el futuro y profetiza este misterio pascual en sus realidades finales, consumadas y plenas.
La liturgia también nos incorpora a este misterio pascual; no sólo lo recuerda, lo hace presente, sino que nos incorpora a toda su realidad. El Bautismo nos incorpora a Cristo como sus miembros. El Orden Sagrado, a los que fuimos llamados por vocación especial, nos incorpora al sacerdocio capital de Cristo. Y es esta celebración, la celebración de la Eucaristía, la cumbre de todas las realidades. Aquí se construye la Iglesia, desde aquí se irradia la Iglesia y fundamentalmente, a través del misterio que celebramos esta tarde con dolor y en la esperanza.

Es la muerte de nuestro Obispo, de nuestro hermano, de aquel que participó con todos los sufrimientos, de las esperanzas, de las expectativas de una Iglesia que debe transitar por este momento tan complejo, tan difícil, y al mismo tiempo, tan apasionante.
Monseñor Enrique Angelelli, por el Bautismo fue incorporado a Cristo como miembro, pero por el Orden Sagrado en su plenitud, fue incorporado a Cristo como buen pastor; a ese pastor con todas las vicisitudes, con todos los condicionamientos, con todas las alegrías, con todas las tristezas, con todas las incomprensiones que el Buen Pastor en su momento visible de la historia, también sufrió y vivió.

El Buen Pastor es Cristo. Este es su primer pastoreo que se ejercitó en Cristo y que nosotros los Obispos y Presbíteros prolongamos y actualizamos a través de la historia, del espacio, es del Buen Pastor. Fue un pastoreo difícil; fue un Buen Pastor que se acercó a la mesa de Leví, de Mateo, del hombre radiado de aquel medio social y lo llamó: “Sígueme” y siguió al Buen Pastor y lo siguió en la fidelidad de las bienaventuranzas y en la fidelidad del ministerio. Es también el pastoreo de Jesús, hablando en el pozo del camino con la samaritana y trabando un diálogo salvífico que culmina haciendo de aquella pecadora una justa y de aquella justa, una misionera. 

Monseñor Angelelli fue incorporado a este pastoreo de Jesús, que lo llama Zaqueo y se invita a su casa y dice: “Hoy la salvación ha entrado en esta casa”. Monseñor Angelelli fue incorporado a este pastoreo de Jesús, a quien la muchedumbre lo seguía, con sed y hambre de palabra; sedientos, hambrientos en los caminos en los cuales multiplica el pan, gesto de misericordia y al mismo tiempo gesto simbólico del gran anuncio: “Yo soy el Pan”. El pastoreo de Jesús con sus amigos, con sus enemigos, con las mujeres, con los hombres; el pastoreo sencillo de Jesús acariciando y bendiciendo a los niños: “Dejen que los niños se acerquen a mí”; “Si no os hiciereis como uno de estos niños no entraréis en el reino de los cielos”; el pastoreo tierno muchas veces, vibrante otras; desde la caricia al sacudón en la puertas del templo en la mañana de los vendedores.

Ese pastoreo de Jesús tan difícil; “¿Quién eres?”, pregunta a su gente, los que habían intimado con El, a los que le conocían con cierta cercanía ya los que de lejos le seguían. Es un pastoreo que divide aquella gente. “¿Quién eres?”, “Dinos de una vez”, y es Jesús que dirá: “Ya lo he dicho tantas veces, los milagros lo proclaman otras tantas veces, las profecías lo cantan, mi vida trasparente, ¿quién puede arguirme de pecado” y sin embargo la duda: “¿Quién eres?”, “Queremos un milagro”, “Ya lo he dado”. Se acumularán sobre Jesús en el proceso final, las interpretaciones más diversas: “es un seductor; solivianta las masas; es un blasfemo. ¡No! Es el Mesías; es el hijo de Dios; es Elías; es Jeremías.

Todo se acumula sobre Jesús. Es el pastoreo que lo lleva de pronto a ser juzgado por Herodes, luego por Pilatos, soportar a Anás y a Caifás, y también ser juzgado por el Padre Celestial; a este sacerdocio y a este pastoreo tan difícil, tan complejo fue incorporado monseñor Angelelli y trató de actualizarlo y hay que decirlo muy fuerte, con indiscutible, con indiscutible sinceridad; con profunda caridad, con inalterable paciencia.
Su gestión fue aceptada por tantos, cuestionada por otros, hasta rechazada. Se lo amó mucho, también sufrió mucho. Se le adjudicaron cosas que siempre rechazó o se negaron en su ministerio cosas que siempre abrazó y defendió. Hoy, en esta Eucaristía rezamos por él.


"Se había pensado en la invitación a los dos presidentes durante el viaje, pero había muchos problemas logísticos porque ellos tenían que tener en cuenta el territorio donde se llevaría a cabo; no era fácil. Al final lo conseguimos y espero que salga bien. Será un encuentro para rezar, no para efectuar una mediación. Rezaremos con los dos, rezar sin llevar a cabo discusiones de ningún tipo es importante, ayuda. Después, cada uno vuelve a su casa. Habrá un rabino, un musulmán y yo". (Declaraciones del Papa Francisco en el viaje a Tierra Santa / Encuentro de oración en el Vaticano con Shimon Peres y Mahmud Abbas). 

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El Papa Francisco invitó a “su casa” a los presidentes del Estado de Israel y del Estado Palestino, a un encuentro de oración por la paz, el 8 de junio próximo en Roma.

El Santo Padre ha pedido a la Iglesia que eleve oraciones por este encuentro sin precedentes, ya que es una oportunidad especial de oración, de reflexión y de evangelización.

Están invitadas todas las personas de buena voluntad de todo el mundo, a que el el viernes 6 de junio se detengan a las 13, en donde estén, para inclinar su cabeza y rezar una oración, cada uno según su tradición. Si dos o tres estuvieran juntos, mejor.

Cada uno en su lugar, en el trabajo, en el barrio, en la familia, en la escuela, en la universidad, en la calle, donde esté.

Tratándose del día viernes, pasado el mediodía, la invitación a orar coincide también con la oración de las preces que los fieles judíos y los musulmanes elevan a Dios ese día.