Tercer Domingo: 17 de diciembre

La alegría penetra la liturgia de este tercer domingo de Adviento. Nos acercamos a la Navidad y esta cercanía nos lleva a meditar más profundamente en la venida final de Cristo. Estamos alegres y agradecidos porque se nos ha dado el Espíritu, se ha predicado la Buena Nueva y se nos asegura la salvación. Nosotros también, al igual que Juan Bautista, hemos sido llamados a predicar el camino del Señor; a preparar nuestros corazones para su llegada en esta liturgia y todas las veces que diariamente viene a nuestra vida.

En este tercer domingo de adviento queremos, Señor, practicar las consignas que nos da tu apóstol Pablo: Estén siempre alegres y no dejen morir en sus manos las ascuas incandescentes del Espíritu de Cristo, que es alma y fuego, luz y amor, llama y vida, gozo y paz.

Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa, de la Corona de Adviento.

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