Homilía en la fiesta de la Ssma. Virgen (06. 10. 19)

Como cada año, el primer domingo de octubre, honramos de modo especial a la Patrona de nuestra Arquidiócesis, la Santísima Virgen del Rosario del Milagro. Hemos acompañado por las calles de nuestra ciudad su imagen histórica, llegada a Córdoba hace más de cuatrocientos años desde El Callao, Perú.

A nuestra Madre del Cielo le pedimos su especial intercesión en favor de todos nosotros, los ciudadanos de nuestra querida Patria, ante las decisiones que pronto deberemos tomar al elegir las autoridades que regirán la Nación. Le pedimos también, como tantas veces ha ocurrido en la historia de Córdoba, que nos alcance el beneficio de la lluvia, formulando el propósito de cuidar cada vez más “nuestra casa común” como dice el Papa Francisco.

Celebramos ahora en su honor la Eucaristía, centro y culmen de nuestra jornada y de toda nuestra vida, de nuestra alabanza, de nuestra acción de gracias y súplica. Ponemos sobre el altar nuestras intenciones y renovamos confiados nuestra amistad y compromiso con el Señor.

La primera lectura, que acabamos de escuchar, nos narra el traslado del Arca de la alianza a Jerusalén. El Arca, símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo, había sido fuente de bendición para quien la había cuidado hasta ese momento y, a continuación, pasa a visitar y a residir en la ciudad de David. El rey la recibe festiva y alegremente.

El santo evangelio, por su parte, nos narra la visita del Arca de la nueva y definitiva alianza, María Santísima, a su parienta Isabel. La Virgen lleva en su seno al Salvador, al autor de la redención y de la reconciliación de los hombres con Dios. Él es la fuente de toda bendición y de la alegría que no defrauda. Isabel y el hijo que lleva en su seno son testigos de ello.

Estamos recorriendo un mes misionero “extraordinario” convocado por el Santo Padre para conmemorar el centenario de la encíclica del Papa Benedicto XV que invitaba a toda la Iglesia a renovar el impulso misionero, la preocupación por llevar el mensaje del evangelio a todos los hombres.

El Papa Francisco anhela también que toda la Iglesia sienta hoy la inquietud de anunciar la buena noticia de Jesús, testimoniándola con palabras y con gestos coherentes que inviten respetuosamente a recibir al Salvador, dejando de lado todo proselitismo. Como ha señalado en repetidas oportunidades, no se trata de ganar adeptos sino de invitar a descubrir la belleza y lo inmensamente rico del encuentro con Jesús vivo, con su amor incondicional, con su misericordia sin límites; una misericordia que sana, libera y plenifica.

Adhiriendo a la invitación del Papa, los jóvenes de nuestra Arquidiócesis quieren realizar durante este mes de octubre algunas iniciativas misioneras. Con sencillez, sin espectacularidad, quieren llevar la buena noticia del amor misericordioso de Dios manifestado en Jesús. La iniciativa y el compromiso de los jóvenes puede ser un estímulo para que todos en la comunidad arquidiocesana nos animemos, con ingenio y creatividad, con coraje y generosidad, a llevar a nuestros hermanos esa buena noticia.

Tal es lo que nos ha sugerido y pedido el XI° sínodo. Dicho acontecimiento fue anunciado en 2015, con ocasión de la fiesta de la Santísima Virgen, preparado durante los años 2016 y 2017, realizado en 2018 y ahora, transitando un camino post-sinodal, se nos invita a conocer sus propuestas, a interiorizarlas y a implementarlas según las características y las posibilidades de cada comunidad.

Si nos preguntamos: ¿en qué consiste esa implementación? A ello debemos responder: en llevar a Jesús a todos, como María en casa de Zacarías. Llevarlo invitando, más aún, si se puede decir, provocando un encuentro amistoso, sanador y liberador con Él. Llevarlo con nuestras palabras, con nuestros gestos en consonancia con ese mensaje.

Y, decimos, llevarlo a todos y para ello, también como María Santísima, tomar la iniciativa de salir, de no esperar que las personas vengan a nosotros, sino nosotros ir hacia ellas, procurando llegar especialmente a los más frágiles y necesitados: a los enfermos, a las personas con capacidades diferentes, a los encarcelados, a los que sufren distintos tipos de pobreza.

Así, tratar de ir implementando lo sugerido por el XI° sínodo, no es otra cosa sino caminar juntos, animados por el Espíritu Santo, hacia la santidad a la cual estamos todos llamados e invitados desde el día de nuestro bautismo. Santidad que no consiste en actitudes complicadas o extrañas, sino simple y sencillamente en ser buenos de verdad.

A nadie se le escapa que vivimos momentos difíciles, pero debe animarnos la certeza de que Dios en quien creemos es el Señor de la historia y que nada ni nadie puede arrebatarle nada de su mano. Junto a las pruebas que permite, nos ofrece también la gracia para afrontarlas y superarlas.

María Santísima también está atenta a nuestras necesidades, como lo estuvo en Caná de Galilea cuando detectando la necesidad de los novios acudió a Jesús, haciéndole saber: “no tienen vino…” Sabemos que su intervención fue eficaz.

Pero María dijo también a los servidores, algo que nos lo propone hoy a nosotros: “hagan todo lo que Él, que Jesús, les diga…” Y Jesús nos invita hoy al encuentro entre todos, al diálogo sincero y abierto, a la colaboración generosa y esforzada, sin mezquindades ni egoísmos.

Nuestra Arquidiócesis celebrará el próximo 14 de mayo de 2020, 450 años de existencia. Comenzamos, pues, un camino jubilar. Creada por un santo, san Pío V, ha sido recorrida por muchos santos: san Juan del Castillo  y san Alonso Rodríguez, mártires jesuitas rioplatenses, que estudiaron en la Universidad de Córdoba y fueron ordenados sacerdotes en esta ciudad, la beata Mama Antula, san José Gabriel Brochero, las beatas María del Tránsito Cabanillas y Catalina de María Rodríguez, san Alberto Hurtado, el Papa san Juan Pablo II, el beato Enrique Angelelli, antiguo obispo auxiliar de Córdoba, y el beato Carlos de Dios Murias, uno de sus compañeros mártires, cordobés también él; los venerables, Mamerto Esquiú, José León Torres, sor Leonor de Santa María y tantos santos “de la puerta del lado, como dice el Papa Francisco, que nos invitan a todos a tender decididamente a la santidad, siendo buenos de verdad.

Otro acontecimiento mariano importante será la conmemoración de los cuatrocientos años del hallazgo de la imagen de Nuestra Señora del Valle en la gruta de Choya. Con esa finalidad el episcopado argentino ha instituido el “Año mariano nacional” que tendrá su momento culminante en Catamarca en abril del año próximo.

El año mariano nacional y la celebración del jubileo de nuestra Arquidiócesis nos invitan entonces a caminar de la mano de María Santísima como hoy, contando con su protección y su ayuda. A llevar a todos la alegre noticia del amor misericordioso de Dios manifestado en Jesús. Hagámoslo con confianza y alegría. ¡Que así sea!

+  Carlos  José  Ñáñez
Arzobispo de Córdoba

Texto en PDF: Homilía en la fiesta de la Ssma Virgen

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