No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure”. Juan 15, 16

CONOCIENDO ESTAS TIERRAS…

 

LO IMPORTANTE NO ES LLEGAR, LO IMPORTANTE ES EL CAMINO

Ya fuimos y volvimos, Nuestra Señora de Velankanni se encuentra a 350 km. de Chennai ( capital de Tamil Nadu), el santuario data del año 1560, y cada año acuden a ella más de 20 millones de peregrinos; la historia y la devoción popular que hoy tiene la Virgen surge luego de tres apariciones puntuales, siempre con su niño en brazos. Así empezó la historia de Velankanni, pudiendo llegan no solo a católicos, sino también a hindúes y otras religiones, sin embargo al caminar hacia nuestra madre todos manifestaron la misma amor , unión y gratitud hacia ella. 

Hoy, al final del recorrido, luego de 9 días de caminata hacia la Virgen, puedo entender que lo importante no era llegar a ella, sino caminar con ella; lo valioso no era solo llegar a su hogar, sino de cómo transitamos el camino. Fueron diez días intensos desde lo físico y espiritual, por momentos sentí que no se podía dar mas de lo que estaba dando, pero luego prestaba atención al rededor , miraba los peregrinos, los que caminaban delante, al lado y atrás, y entendía y recordaba que siempre podemos darnos y ofrecernos un poco más.

En el primer día de caminata, tenía en mente un solo objetivo, llegar a destino, pero esto se desmoronó cuando vivencié el primer encuentro  en la calle con otro peregrino( nos reconocimos por nuestros atuendos color naranjas, que representa la pureza y el amor por Dios) y empezó a preguntarme como estaba , si caminaría hasta la Virgen, si tenía suficiente agua, si había comido y si había empezado a sentir el cansancio en mis pies.

A partir de este encuentro, trate de reflexionar acerca de estos momentos, que suceden así, de manera espontánea, de repente, sin planificarlo y puedo describirlo como fugaces y completamente necesarios para continuar; antes de terminar mi reflexión me sorprendió un segundo  encuentro con preguntas similares, dejando entrever su cara de asombro y alegría por la peregrinación que estábamos empezando. Les puedo contar que como este, tuve muchos encuentros, cada día que caminamos, y fueron mi fuerza para seguir, mi razón para estar ahí, muchas veces no se trataba de grandes diálogos,  sino de caminar unidos en la oración. Cada día que pasaba tenia encuentro con mas y mas personas, que estaban ahí, caminando con la misma sed. Dispuestos a ofrecerse; y así fue que conocimos gente que nos brindaba comida, café, agua fresca… Muchos se ofrecían ellos mismos, sus palabras, sus tiempos, sus historias, la misma hospitalidad vivenciamos en cada escuela, o iglesia que abrieron sus puertas para que pasemos la noche, esperándonos con un  plato de comida caliente, y preguntándonos en qué condiciones estamos o que necesitábamos. 

Los días pasaban, el cansancio aumentaba , los pies y las ampollas nos hacían recordar esto a cada instante, y así como aumentaba el sacrificio al caminar, aumentaban los encuentros, la solidaridad de caminar juntos por un acto de fe. Ya no se trataba de caminar, se trataba se ofrecerse por completo a Cristo, y poder descubrirlo en cada hombre y mujer. En cada niño y niña que se nos presentaba en el camino. Se trataba de ofrecer mi botella de agua a quien veía sediento, se trataba de caminar junto a la mamá que llevaba su bebé y tomar su hijo para darle un descanso a sus brazos, de ofrecer mi comida a quien no se había alimentado, de sonreír al unísono al decir “Marie Varghe” (Ave María) juntando las manos.

Los últimos siete kilómetros los caminamos a orillas del mar, y de pronto se pudo ver la Iglesia, se veía a lo lejos la Cruz, grande y con luces rojas al mejor estilo india, (acá todo es así, colorido, al punto de no pasar desapercibido) y lo maravilloso fue ver a las persona que al verla, se arrodillaban en la arena, y se empezaron a unir las oraciones en tamil e inglés y canciones a nuestra madre. No tengo muchas palabras para describir lo que sentí en mi interior en ese momento, mis ojos no podían creer lo que estaban viendo y viviendo, miles de personas con atuendos naranjas, arrodilladas a orillas del mar, uniendo nuestras oraciones, cada uno con sus intenciones y deseos, pero todos ahí, con sed de amor, con sed de Dios. 

Si mi corazón fuera tan solo un poquito, de lo fiel que son estos corazones, si mi corazón se animara a darse, así como lo hacen ellos, si pudiera vivir así, desde la simpleza toda mi vida. Solo tuve una mochila, dos mudas de ropa, una colchoneta y  un libro por diez días; y les aseguro que no me faltó nada en el camino, por el contrario, por momentos sentir demasiado peso, y cuando nos animamos y damos ese paso, y decimos Sí a María, les aseguro que todo cambia alrededor, cuando te animas y brindas un Sí sin condiciones, un sí total y completo, todo cambia y la transformación empieza.

Hoy ya no puedo describirme como esa Pía que partió hace siete meses atrás, hoy me siento transformada, siento que encontré el camino, mi camino, un camino de servicio, de amor, es que solo dándome por completo me siento completa, parece un juego de palabras, hasta contradictorio, pero es lo más cierto y sincero que he vivido. Hoy puedo comprender cada paso que di los años anteriores, cada dialogo con mi mama y papa, cada encuentro, cada amigo que tengo en mi vida, todos ellos me ayudaron y prepararon para hoy disfrutar y reconocer el camino por el que Jesús me guía. 

 

ESTE TESTIMONIO ES COMPARTIDO POR MARÍA PÍA FUNES, MISIONERA ADGENTE CORDOBESA, MISIONANDO CON LA ORGANIZACIÓN PUNTO CORAZÓN JULES MONCHANI EN CHENGAL PET, INDIA. 

 

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