Nota en La Voz Monseñor Pedro Torres Obispo Auxiliar de Córdoba

Y más importante que lo que hace Francisco es lo que está haciendo Dios en este tiempo del mundo y de la Iglesia.

Al repasar estos primeros cuatro años de servicio a la Iglesia universal del papa Francisco, como obispo de Roma (la Iglesia que nos preside en la caridad) y, como tal, sucesor de San Pedro, lo primero que viene a mi corazón es este título: mirando a Francisco, mirándolo particularmente desde la fe, nos sentimos cautivados por la alegría.

Desde el primer momento hasta hoy, con gestos y palabras cargados de sencillez y provocando un renovado estilo de comunicación eclesial, ha invitado a la alegría y a la esperanza, en particular en el año dedicado a la vida consagrada y en la experiencia profunda de la misericordia como clave que, atravesando el acontecimiento del Concilio Vaticano II, resurge hoy como llamado a volver a lo esencial, en un compromiso de obras desde el corazón a las periferias existenciales.

Tiempo y espacio

Con estilo sinodal (de escucha y discernimiento en un caminar juntos), este Papa se ha caracterizado por iniciar procesos eclesiales y sociales marcados por la certeza de que el tiempo es superior al espacio, que la unidad prevalece sobre el conflicto y la realidad es más importante que la idea.

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