Compartimos el mensaje final de nuestro Arzobispo, Mons. Carlos José Ñáñez, al concluir las Aulas Sinodales del XI° Sínodo “El Primer Anuncio del Evangelio, Hoy en Córdoba” el pasado 28 de Octubre de 2018.

“Dos palabritas quería compartir de corazón y es que yo he vivido este Sínodo, el Aula Sinodal, con total alegría. Les agradezco hondamente a todos los que han trabajado especialmente: Secretaría General, moderadores, la Relatoría, a quienes brindaban el servicio de coordinación y secretaría en los círculos menores, a todos los servicios… especialísimamente a las hermanas concepcionistas que con tanto cariño siempre nos reciben en su casa y, a todos ustedes.

Y yo he vivido con alegría porque ha sido constante el testimonio de fe, de amor a la iglesia, el testimonio de caridad, caridad fraterna, servicial y que ha ido también fortaleciendo el mando de esto tan importante y al mismo tiempo realidad un poquito relegada de nosotros y que es la esperanza. Esperanza de que el señor está, el Señor nos acompaña, el Señor nos abre el camino.

Ese sentimiento de alegría, serenidad, en la realización del Aula Sinodal, bueno, también en estos últimos tramos tuvo sus, podríamos decir así, pequeños sacudones pero que, bueno, es lo propio de un caminar, un caminar…

Yo quería recordar que cuando pasó mi 9 de marzo de 1999, yo dije: «yo no traigo un plan de acción pastoral. Lo vamos a hacer entre todos». Y con limitaciones y defectos es lo que a lo largo de estos casi 20 años hemos logrado hacer.

Cuando le comenté al papa Francisco que estábamos pensando en la realización de un Sínodo, me dijo: «Mirá, que no sea todo armadito de manera tal, que vengan a decir, si y punto. Ni tampoco que quede al arbitrio de la asamblea sino que preparado, vaya siendo acompañado y orientado para ver que lo que Dios quiere decir».  De nuevo, con limitaciones y con defectos es lo que hemos tratado de hacer. Y yo quiero decir nuevamente que, de verdad, creo en una iglesia sinodal y creo en la sinodalidad de la iglesia y, quiero trabajar, seguir trabajando por eso.

Y, esto que hemos tratado de hacer acá, de escucharnos y dialogar hay que seguir haciéndolo, seguir haciéndolo con convicción y si ponemos lo mejor de nosotros mismos, Dios nos va a acompañar y Dios va a estar

Creo en la sinodalidad de la iglesia y quiero una iglesia sinodal, adonde el Señor permita que esté en este servicio y lo quiero de corazón. Y les agradezco a ustedes, la compañía, la ayuda y se las pido encarecidamente. Así como el papa Francisco siempre dice: «recen por mí», yo les diría: «ayúdenme… ayúdenme!». La iglesia de Córdoba no depende exclusivamente del Arzobispo que tienen como pastor. La iglesia somos todos, tenemos que trabajar juntos, caminar juntos, ayudándonos… Por eso, yo les pido de corazón: «ayúdenme» para que realmente el testimonio y la palabra de Jesús resuene en nosotros, en muestras comunidades, en Córdoba. Como dice siempre realmente la iglesia: «el Evangelio se propone, no se impone». Eso es lo que vamos a hacer nosotros, una propuesta convencida, alegre, para que quien quiera, pueda copiar de esto que el Señor nos ofrece.

Finalmente, dos textos del Evangelio que a mí siempre me impresionan y es: cuando durante la última cena, Jesús les dice a los discípulos: «Miren, esto es lo que Yo les pido, que ustedes se quieran, que se amen».  Cuando dice: «Les he dicho todo esto para que mi gozo esté en ustedes y ese gozo sea perfecto. Yo, los llamo por el bien y la felicidad». Pero antes, había cumplido ese gesto impresionante del lavatorio de los pies y les dice: «Ustedes serán felices si sabiendo estas cosas las ponen en práctica». Una iglesia sinodal, una iglesia que testimonie, una iglesia que quiere ser servicial, una iglesia que quiere vivir en el mandamiento del amor al prójimo para descubrir la alegría y comunicar la felicidad a todos.

Yo les pido: ayúdenme a trabajar por eso, bajo la mirada de la Virgen y de nuestros santos cordobeses.

Gracias.”

Luego del aplauso dice:

“Muchas Gracias! Recibo con mucho agradecimiento esta muestra de cariño. Les quiero decir también que les doy gracias y los quiero mucho”.

No hay comentarios

Dejar respuesta