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Material para el tiempo de Cuaresma 2018

               La Cuaresma es un tiempo especial de gracia y conversión, una invitación especial para “volver al Señor y escuchar su voz”.

El presente material quiere ayudarnos, en la dinámica del camino sinodal que estamos transitando, a profundizar en clave orante distintos aspectos de la conversión personal, pastoral y comunitaria.

El mismo podrá ser utilizado con creatividad, en cada comunidad y ámbito de la arquidiócesis; sea en espacios de encuentros, o de meditación de los viernes de cuaresma, o de adoración eucarística, o entregándolo  en folletos a las personas que lo deseen, etc.

El esquema propuesto abarca seis dimensiones de la Conversión mencionadas en el libro “Conversión Pastoral y nuevas estructuras” de Víctor Manuel Fernández (2010), integrando algunas consideraciones que nos ayuden a caminar en este tiempo de Sínodo.

“La verdadera conversión cristiana tiene diversos aspectos o dimensiones, que pueden tener un mayor o menor desarrollo. Explicitar esas dimensiones es un modo de discernir sobre la autenticidad de nuestra conversión y permite percibir toda la riqueza de sentido que tiene la llamada “conversión pastoral”.

  1. Conversión a Dios
  2. Conversión a Jesucristo (discipulado)
  3. Conversión fraterna y comunitaria
  4. Conversión social
  5. Conversión pastoral misionera
  6. Conversión estructural eclesial

El material sugiere comenzar con un canto al Espíritu Santo u oración, un texto de la Palabra de Dios, una reflexión  algunas preguntas para la oración-reflexión personal, y concluye con la Oración del XI° sínodo Arquidiocesano. Todo ello dando espacios de silencio, pudiéndose compartir en grupos, pero principalmente brindando tiempos para la oración personal.

El “seguimiento de Jesús” por el camino de la vida, conlleva siempre una gracia de conversión – renovación. De entre las muchas actitudes que podemos reconocer, cabe mencionar algunas fundamentales para cultivar este año de proceso sinodal: la docilidad a la voluntad del Padre, la mirada de fe y caridad sobre la realidad y los hermanos, el ejercicio de la escucha atenta, la confianza y esperanza por la presencia del Señor en la historia, la corrección fraterna, la integración de todos, el diálogo sincero, etc. Junto a ellas también deberemos fortalecer y recrear los espacios que nos permitan un mayor ejercicio en el discernimiento y la corresponsabilidad, en cada ámbito de la vida eclesial, siendo fieles al querer de Dios. (Programación Pastoral 2018)

1 Semana de Cuaresma: LA CONVERSIÓN A DIOS

Oración inicial o canto al Espíritu Santo.

Palabra de Dios: Juan 4, 19-24

La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».

Para la reflexión:

Aunque parezca obvio, en primer lugar hay que convertirse a Dios, volverse hacia Él. Ese es el sentido de “conversión” que compartimos con el Judaísmo, pero que continúa presente en el Nuevo Testamento:

“…Ustedes se convirtieron a Dios, tras haber abandonado los ídolos, para servir a Dios vivo y verdadero” (1 Tes 1, 9).

“Nosotros les predicamos que abandonen estas cosas vanas y se vuelvan al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra” (Hc 14, 15).

Que esta conversión esté lograda no se puede suponer ni siquiera en los catequistas o en los sacerdotes. Conviene decirlo, porque Dios es el sentido último de nuestras vidas, pero puede no serlo en la práctica. No podemos ignorar que hay evangelizadores –también consagrados– que no están muy convencidos del amor que Dios les tiene, o que escapan de su presencia. Les gustan algunas tareas, y discutir acerca de cuestiones pastorales o teológicas, pero viven todo eso al margen de su relación personal con Dios como sentido último de sus vidas. O han perdido la confianza en un Dios capaz de intervenir en la historia y dejan de acudir a él. O, inmersos acríticamente en el consumo de ofertas de bienestar, en la práctica terminan dispersos, perdiendo el interés por responder mejor al amor de Dios con la propia existencia. La figura de Jesús les resulta atractiva pero se ha debilitado el sentido trascendente de la propia vida. Por lo tanto, la invitación a volver a Dios nunca es superflua. Resuena en la Palabra de Dios que nos conmueve cada miércoles de cenizas: “¡Vuelvan a mí de todo corazón!  … Desgarren sus corazones y no sus vestiduras. ¡Vuelvan al Señor su Dios!” (Jl 2, 12-13).

Volver al Señor de todo corazón, adorarlo en “espíritu y verdad”, es siempre una invitación a estar atentos a lo que el Espíritu dice a la Iglesia (Ap 2), y a cada persona, en el caminar de la vida. Nos anima a vivir en un permanente estado de discernimiento, escuchando su voz, para reconocer los pasos que nos invita a dar en la historia, en orden a una mayor fidelidad a su proyecto de amor.

Puede ayudar a la oración estas preguntas:

  • ¿Cómo es tu relación con Dios? ¿en qué signos, tiempos, opciones reconoces que Él es parte de tu vida, de la vida de la comunidad?
  • ¿Reconoces que en tu vida y en la vida de tu comunidad están atentos a lo que el Espíritu hoy nos dice?

 

Oración del XI° Sínodo

Señor Jesús, tú que eres el Camino, enséñanos a caminar juntos,

celebrando la gracia del undécimo Sínodo.

Concédenos escuchar, dialogar y discernir el proyecto del Padre.

Danos la valentía del testimonio y de la acción.

Ayúdanos a transformar lo que haya que cambiar.

Que tu Espíritu nos asista para ser discípulos misioneros

y comunidades en salida hacia las periferias,

interpretando los signos de Dios en estos tiempos.

Que la Patrona de esta Arquidiócesis,

Nuestra Señora del Rosario del Milagro y San José Gabriel Brochero,

intercedan para que proclamemos el primer anuncio del Evangelio hoy en Córdoba

y seamos la Iglesia que, en este presente, Tú esperas de nosotros. Amén.

 

2 Semana de Cuaresma: LA CONVERSIÓN A JESUCRISTO (DISCIPULADO)

Oración inicial o canto al Espíritu Santo.

Palabra de Dios: Mateo 16, 13-18 a

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?». Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».  «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?».

16 Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia.

Para la reflexión:

La conversión a Dios es inseparablemente conversión a Jesucristo, y en el rostro de Jesucristo se nos revela el verdadero Dios: “Nadie llega al Padre, sino por mí” (Jn 14, 6); “Separados de mí no pueden nada” (Jn 15,5).

Viendo nacer, vivir y morir a Jesucristo podemos reconocer hasta dónde nos ama el Padre, y desde el corazón resucitado de Jesucristo se derrama en nosotros la vida nueva del Espíritu. Jesús nos revela la vida íntima de Dios que es comunidad, y que “fortalece, sana y renueva los vínculos entre las personas” (NMA 51).

Por eso creemos que “conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (DA 29)

Esta conversión a Jesucristo es la raíz y la condición de posibilidad de toda otra conversión, porque “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética ó una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (DCE 1)

Si esto es así, entonces “la conversión personal y comunitaria a Jesucristo constituye la condición absoluta de posibilidad de toda conversión pastoral de la Iglesia”. Esta es la conversión es el encuentro personal que da origen al camino del discipulado a la luz de su Palabra, tema que tanto espacio ocupa en Aparecida. Tanto la conversión como todo el proceso posterior, pueden pensarse desde la categoría de “encuentro” con Jesucristo que produce la gracia: “Acentuar la presencia de una cristología del encuentro debe expresar con claridad que encuentro es una palabra que designa no sólo el primer paso sino todo el proceso de elección, llamado, respuesta, adhesión, seguimiento, aprendizaje, identificación y unión con Jesús. Aquel brota, sin duda, de la fascinación que ejerce Jesús y de la admiración por él, lo cual es la raíz de una Iglesia que evangeliza atrayendo”.

Puede ayudar a la oración estas preguntas:

  • ¿Reconoces que en tu vida buscas el encuentro personal con Jesucristo? ¿De qué manera?
  • ¿Qué implica en tu vida ser discípula/o de Jesús?
  • ¿De qué modo la comunidad acompaña a un encuentro vivo y fecundo con Jesucristo?

Oración del XI° Sínodo

Señor Jesús, tú que eres el Camino, enséñanos a caminar juntos,

celebrando la gracia del undécimo Sínodo.

Concédenos escuchar, dialogar y discernir el proyecto del Padre.

Danos la valentía del testimonio y de la acción.

Ayúdanos a transformar lo que haya que cambiar.

Que tu Espíritu nos asista para ser discípulos misioneros

y comunidades en salida hacia las periferias,

interpretando los signos de Dios en estos tiempos.

Que la Patrona de esta Arquidiócesis,

Nuestra Señora del Rosario del Milagro y San José Gabriel Brochero,

intercedan para que proclamemos el primer anuncio del Evangelio hoy en Córdoba

y seamos la Iglesia que, en este presente, Tú esperas de nosotros.

Amén.

3 Semana de Cuaresma: LA CONVERSIÓN FRATERNA Y COMUNITARIA.

Oración inicial o canto al Espíritu Santo.

Palabra de Dios: Marcos 9, 33-37

Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?». Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos». Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado».

Para la reflexión:

La conversión a Jesucristo es también conversión a su Reino, que es inseparable de su persona y de su misión: “Busquen ante todo el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá solo” (Mt 6, 33).

Pero hablar de conversión personal al Reino nos obliga a desarrollar algunas dimensiones ineludibles de esa conversión que pueden estar poco desarrolladas en algunos creyentes. La conversión al Reino se despliega en varios aspectos de la conversión que conviene explicitar.

Ante todo hay que hablar de la dimensión comunitaria, porque “Dios en Cristo no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los seres humanos”. Esto implica que la misma fe “nos libera del aislamiento del yo porque nos lleva a la comunión” (DA 156). Por esa misma razón, “una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano es la pertenencia a una comunidad concreta” (DA 156).

Ahora, la conversión a Jesucristo ¿no es siempre al mismo tiempo conversión al hermano?

El problema es que el desarrollo de la dimensión fraterna de la vida cristiana puede estar fuertemente condicionado por una mentalidad muy arraigada, por una educación recibida, por costumbres, límites psicológicos, etc. Por eso puede haber una entrega a Dios que sea sincera y que sin embargo sea poco comunitaria.  Pero cuando la persona condicionada toma conciencia de sus límites y se deja transformar en un camino de liberación, entonces se produce una segunda conversión que podría llamarse “conversión social”.

La conversión fraterna sería entonces esta liberación de los condicionamientos del sujeto que permiten que la vida de la gracia desarrolle de un modo luminoso y significativo su potencial de fraternidad y comunión.

La conversión comunitaria es mucho más que una negociación para coexistir, o un pacto de no agresión, o una suerte de distribución de tareas para que todos hagan lo que les parezca sin molestarse. Justamente para diferenciarla de una mera tolerancia mutua, se llama “conversión” comunitaria, y la palabra “conversión” remite a una comunión sincera, profundamente querida y asumida, cimentada en la verdad, es decir, en el reconocimiento de la realidad de las diferencias con todo el dolor y el coraje que ello implique. Una actitud de diálogo sincero no nace sin una peculiar conversión: “El diálogo emerge como actitud espiritual y práctica, en un camino de conversión” (DA 228)

La conversión comunitaria, es una conversión “a la Iglesia particular o diócesis” donde cada uno se integra cordialmente. La auténtica conversión comunitaria de cada Diócesis provoca un entramado de relaciones que integra a todos en la comunión participativa.

Es una gracia de conversión, que en el “cuerpo a cuerpo” de la vida fraterna, nos desafía a caminar con el diferente, haciendo una renovada experiencia en la que los lazos y convicciones que nos unen sean más fuertes que las que nos distancian, porque es la presencia de Jesús y la búsqueda de su Reino lo esencial.

Puede ayudar a la oración estas preguntas:

  • ¿A qué te invita este aspecto de la conversión en tu vida?
  • ¿Qué actitudes son necesarias para un estilo de vida fraterna y comunitaria?

Oración del XI° Sínodo

Señor Jesús, tú que eres el Camino, enséñanos a caminar juntos, celebrando la gracia del undécimo Sínodo.

Concédenos escuchar, dialogar y discernir el proyecto del Padre. Danos la valentía del testimonio y de la acción. Ayúdanos a transformar lo que haya que cambiar.

Que tu Espíritu nos asista para ser discípulos misioneros y comunidades en salida hacia las periferias, interpretando los signos de Dios en estos tiempos.

Que la Patrona de esta Arquidiócesis, Nuestra Señora del Rosario del Milagro y San José Gabriel Brochero, intercedan para que proclamemos el primer anuncio del Evangelio hoy en Córdoba y seamos la Iglesia que, en este presente, Tú esperas de nosotros. Amén.

 

4 Semana de Cuaresma: LA CONVERSIÓN SOCIAL.

Oración inicial o canto al Espíritu Santo.

Palabra de Dios: Lucas 10,2-37

“El doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?». Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver” ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?». «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera»

Para la reflexión:

La conversión fraterna tiene un dinamismo que la lleva a realizarse y expresarse como conversión social, pastoral y estructural. Si la Iglesia existe para la misión, debido a la íntima unidad que hay entre evangelización y promoción humana, supone siempre un compromiso por el bien común social. El Documento de Aparecida ha recordado que “el rico magisterio social de la Iglesia nos indica que no podemos concebir una oferta de vida en Cristo sin un dinamismo de liberación integral” (DA 359).

Pero también en este orden podemos encontrar condicionamientos, que estamos llamados a sanar para que la vida de la gracia pueda explayar y desarrollar todo su dinamismo liberador. Por eso puede hablarse de una “conversión social”. Es el caso de Teresa de Calcuta, por ejemplo. Durante la primera parte de su vida no se puede afirmar que su entrega creyente no haya sido sincera, que no haya estado convertida a Jesucristo, pero sólo a partir de un determinado momento adquirió una conciencia clara de las exigencias sociales del Evangelio, se liberó de los límites que contenían su fuerza misericordiosa, y se produjo su “conversión social”.

No podemos separar esta conversión social de la llamada “conversión espiritual, sino que es una consecuencia necesaria. Es una conversión que mira el modelo de Cristo pobre y prolonga sus actitudes para con los pobres. “Conversión y purificación constantes en todos los cristianos, para identificarse cada día más con Cristo pobre y con los pobres”. (Puebla 1140)

San Juan Pablo II nos decía: “Convertirse al Evangelio para el pueblo cristiano que vive en América, significa revisar todos los ambientes y dimensiones de su vida, especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común” (EA 27). Y los Obispos argentinos nos recuerdan: “En un país de mayoría cristiana, la falta de pan en las mesas de los pobres es un doloroso escándalo que debería movilizarnos con mayor pasión y empeño”.

Lo que caracteriza a esta conversión “social”, y la distingue de la conversión “fraterna”, es el empeño comunitario para reformar las estructuras sociales que provocan injusticia. La acción de la gracia, si no es resistida, tiende a desarrollar actitudes comunitarias que contagien y provoquen una novedad social, inclinando hacia un tipo de conversión que debilite las estructuras de pecado social.

Por esto, la conversión social no apunta sólo a las consciencias individuales, ni siquiera a que cada individuo amplíe su capacidad de tener presente al hermano, sino a impulsar un tipo de conversión que lleve a modificar las estructuras de pecado. Esta conversión exige que las personas estén dispuestas a una cooperación comunitaria con ese impulso de la gracia. De ese modo, por ejemplo, lo que el Espíritu suscitó a través de Martin Luther King, pudo producir un cambio decisivo en la sociedad porque hubo una fuerza comunitaria disponible dispuesta a secundar ese influjo del Espíritu. No bastaba allí la buena voluntad de algunos individuos aislados, sino construyendo una trama social que cooperaba con la iniciativa de la gracia. Cuando alguien responde al impulso del Espíritu y decide integrarse, con todas sus capacidades, en una trama comunitaria de liberación social, puede hablarse de una “conversión social”.

Puede ayudar a la oración estas preguntas:

-¿A qué te invita este aspecto de la conversión? ¿a qué nos invita como comunidad?

Oración del XI° Sínodo

Señor Jesús, tú que eres el Camino, enséñanos a caminar juntos, celebrando la gracia del undécimo Sínodo.

Concédenos escuchar, dialogar y discernir el proyecto del Padre. Danos la valentía del testimonio y de la acción. Ayúdanos a transformar lo que haya que cambiar.

Que tu Espíritu nos asista para ser discípulos misioneros y comunidades en salida hacia las periferias, interpretando los signos de Dios en estos tiempos.

Que la Patrona de esta Arquidiócesis, Nuestra Señora del Rosario del Milagro y San José Gabriel Brochero, intercedan para que proclamemos el primer anuncio del Evangelio hoy en Córdoba y seamos la Iglesia que, en este presente, Tú esperas de nosotros. Amén.

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