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Ante todo quiero agradecer a mi hermano Ricardo Araya, Obispo de Cruz del Eje, la invitación para presidir esta Eucaristía.

Y nos hemos congregado en este lugar porque queremos conmemorar de un modo especial el nacimiento a la gloria de este insigne sacerdote, San José Gabriel del Rosario Brochero. Y lo hacemos cuando la Iglesia, a su vez, recuerda de un modo especial a estos dos grandes colaboradores del apóstol San Pablo, los Santos Tito y Timoteo. Precisamente es la experiencia de Timoteo, puede darnos pie para nuestra reflexión. Esa experiencia que está reflejada en el fragmento de una carta del apóstol San Pablo que hemos escuchado en primer lugar.

Ttimoteo era un hombre joven, colaborador estrecho y querídisimo del apóstol Pablo. En un determinado momento en su ministerio, él se queda solo, mientras el apóstol está en otras partes. Y quizás por esa soledad, quizás también por las múltiples dificultades del ministerio, Timoteo experimenta un cierto desaliento, una tristeza, vive un momento de crisis. Y Pablo que lo quiere mucho lo consuela. Hemos escuchado esas palabras tan cálidas: “me acuerdo de tus lágrimas”. Lo consuela, lo alienta, lo anima. Pero tambien lo desafía. No debe quedarse en esa situación, sino que debe hacerle frente, y marca el camino. Tiene que volver a la lectura orante de la Palabra de Dios, quizás Timoteo la había descuidado un tanto. Volver a la lectura orante de la Palabra y entregarse con ánimo a la tarea evangelizadora. Y éste es el remedio que el apóstol Pablo le da a su discípulo Timoteo frente a esa crisis.  Entregarse con ánimo a la tarea evangelizadora. No quedarse en ese momento de desaliento y de tristeza. El remedio entonces es, la tarea misional, la tarea de difusión del Evangelio. Es el remedio para Timoteo.

Es un remedio que también utiliza el Cura Brochero, no para curarse, de un momento difícil, sino para no enfermarse. Y pensemos, cuando Brochero viene a este lugar es un hombre joven, 29 años, y se queda sólo. Pero no se deja ganar por ningún tipo de desaliento. Ningún tipo de tristeza, sino que con una paciencia inquebrantable se entrega a la obra evangelizadora. Y está de por medio su fe inconmovible, su apego al Evangelio que medita y predica todo los días. Su esperanza confiada, confiada en las promesas del Señor, y que él lo va a acompañar y lo va a asistir. Y es su caridad generosa que lo lleva a entregarse totalmente a la obra del Reino al sevicio de sus hermanos atentos a todas sus necesidades, a las más importantes y a las más pequeñas. Hay una cierta semejanza a la experiencia de Timoteo y a la experiencia de Brochero.

Y nosotros tenemos que pensar en nuestra propia situación como miembros de la Iglesia de Jesús, como sus discípulos donde a veces puede invadirnos un cierto desaliento, una cierta tristeza. Porque vemos la aparente infecundidad de nuestros esfuerzos, como que nuestra labor no tiene los frutos esperados. ¿Cuál es el remedio? Ningún otro sino el que Pablo le recomienda a Timoteo. El que San José Gabriel del Rosario utilizó en su ministerio. Entregarnos totalmente al Evangelio, y el desear su difusión entre nosotros. La tarea misional. Dejarnos de lamentar de lo que nos pasa ahora, de otros tiempos que fueron mejores, y entregarnos de corazón a la tarea de testimoniar y anunciar el Evangelio.

Acabamos de escuchar en el Evangelio como Jesús elige a 72 además de los 12. La tarea de la evangelización no es sólo responsabilidad del obispo, de los sacerdotes, de los consagrados. Nos toca a todos. En esos 72 que elige el Señor estamos representados todos. Los que por el Bautismo, somos discípulos y seguidores de Jesús. Es una invitación a testimoniar el Evangelio. A anunciar ayudándonos y alentándonos mutuamente. No siempre es fácil encontrar los modos. No siempre es fácil encontrar las palabras adecuadas. Pero si como dice el Evangelio, vamos de dos en dos, es decir haciendo la tarea en común, vamos a ayudarnos, vamos a alentarnos y va a aparecer la creatividad necesaria  para anunciar el Evangelio. Ahi está, me parece a mi, lo que hoy esta celebración, esta palabra que acabamos de escuchar nos esta diciendo a todos nosotros.

Es aquello precisamente a lo que nos invita insistentemente el Papa Francisco, una Iglesia en salida. ¿Qué significa eso? Precisamente eso de dejar de lamentarnos, y ver confiando en el Señor que nunca nos abandona, qué podemos hacer entre todos. Y entonces  es cuando asumimos nuestra actitud, se empiezan a relativizar algunas dificultades que suelen surgir en nuestros presbiterios, en nuestras comunidades, en nuestras parroquias. Quien tiene que estar en primer lugar, quien tiene que tener esta responsabilidad, quien tiene que tener esta tarea, en donde están a veces celos, competencias, rivalidades que van deteriorando nuestro testimonio. Cuando nos proponemos realmente ser una Iglesia en salida pues, ciertos problemas se relativizan totalmente y  aparecen los grandes desafíos. Como hacer para anunciar el Evangelio. Que modos emplear. No los que antes utilizamos y que ya no responden a las necesidades de la situacion actual. Que lenguaje utilizar. Ninguno de nosotros tiene las respuestas totales. Pero juntos podemos encontrar un camino que nos ayude en esa tarea de anunciar el Evangelio y de llevar a todos esta Buena Noticia. Pensemos en esto. Que es lo que hizo San José Gabriel del Rosario Brochero en este lugar, en esta extensa parroquia suya. Lo ayudo de un modo especial la Beata Catalina de María. Y seguro ella y sus hijas compartieron los ideales de Brochero. Sembrar el Evangelio, trabajar incansablemente con ese objetivo. Tuvieron innumerable dificultades, pero ese entusiasmo y esa entrega sin condiciones al Señor le ayudaron a superarlas y a llevar adelante esta tarea que es realmente maravillosa y enorme.

Por eso le podemos pedir a ellos, a la Beata Catalina, a San José Gabriel del Rosario que intercedan por nosotros, y nos alcancen la gracia de una confianza enorme en el Señor. De tener el deseo de salir, y hacer la tarea evangelizadora y de esperar los frutos como ellos los esperaron pacientemente. Y en esa intercesión de la Beata Catalina de María, de San José Gabriel del Rosario podemos a ellos pedirles que de un modo especial asocien a La Purísma así como ellos tuvieron una enorme confianza en la Virgen Santísima y puestos en sus manos llevaron adelante esta tarea inmesa, que ellos nos ayuden a vivir el Evangelio de esta manera, a no quedarnos encerrados en nosotros mismos, a llevarlos a todas partes.

Pero esto que se dice facilmente, y que puede parecer como una receta, es un camino verdadero. Y tenemos que hacerlo entre todos, y tenemos que ayudarnos mutuamente para encontrar los modos, para vencer lo desalientos, para renovarnos en el entusiasmo, ser realmente una comunidad que, desbordante en el amor a Jesús, quiere llevar a todos esta Buena Noticia.

Pidámoslo de corazón y hagamos el propósito cada uno desde lo cotidiano, desde lo de todos los días, desde las cosas más sencillas, llevar adelante esta tarea para que el Evangelio de Jesús resuene en nuestra familia, en nuestros ambientes, en nuestra sociedad. Para que el mensaje evangélico renueve la vida de nuestra Patria, viviendo de veras nuestra adhesión a Jesús, el tomar en serio su Palabra, estamos construyendo también una Patria nueva, una Patria de hermanos, como la anhelamos y como de verdad la necesitamos. Hagamos este propósito. Y entonces estaremos honrando de veras el testimonio, la herencia de San José Gabriel del Rosario, de la Beata Catalina de María, que con su interseción, la intercesión de La Purísima, y la ayuda de la Gracia de Dios podamos hacerlo realidad.

Que así sea.

+ Mons. Carlos José Ñáñez

Arzobispo de Córdoba, Argentina.

 

 

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