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Como Iglesia que peregrina en Córdoba recibimos el desafío y la gracia de un tiempo histórico nuevo que -como todo tiempo y como toda gracia- nos resultan inéditos. Como nos exhorta la Palabra: “Ahora es el tiempo de la gracia” (2 Co 6,2). Ciertamente estamos ante nuestro tiempo un poco perplejos y llenos de preguntas, lo cual no quita la admiración y la esperanza de lo que el Espíritu de Dios está gestando en los hombres. Aunque nos parezca que a veces las sombras opacan los horizontes, la mano invisible y providente de Dios siempre enciende las luces que necesitamos. A la gracia de Dios le basta una pequeña grieta para abrirse paso en la historia del mundo y lo que tal vez para algunos es anochecer, otros podemos soñarlo como amanecer. Dios tiene “amaneceres” para regalarnos en este fragmento del tiempo que nos toca transitar. En los umbrales de nuevos tiempos y nuevas realidades, con el corazón  anhelante, escuchamos lo que el Señor resucitado vuelve a decirnos: “…Mira que estoy a la puerta y llamo…” (Ap 3,20).

Deseando responder a esta llamada es que en este momento del diagnóstico pastoral, hacemos con el corazón una mirada de la realidad cultural y eclesial para permitirnos un paso más en la profundización del discernimiento, a la luz del Evangelio, de los signos de este tiempo  como huellas de la Encarnación de Dios que nuestra Iglesia recoge en esta historia.

Recordemos que como fruto de nuestra participación comunitaria tuvimos un instrumento de trabajo para la primera sesión de la Jornada Pastoral 2005 que llamamos “Ver, comprender y abrazar nuestra realidad. AportesDiagnóstico Pastoral Arquidiocesano para un diagnóstico pastoral de la Arquidiócesis”.

Celebrada la primera sesión de la Jornada Pastoral 2005, en los encuentros zonales y habiendo profundizado la lectura de esa síntesis, a la cual se le sumaron otros aportes, nuestro Obispo -como Padre, hermano y Pastor- en el ejercicio del carisma que le es propio nos propone ahora la consideración de siete núcleos para ir acercándonos,  desde este marco de situación de la realidad, al diagrama de nuestro diagnóstico. Estos núcleos son el resultado de considerar los muchos problemas parciales detectados en el análisis de nuestra realidad identificando los problemas fundamentales o globales. Un problema es fundamental o global cuando todas las partes y el conjunto de una realidad son afectados por él, de manera que el problema que se maneja no es uno de tantos, sino que es un problema fundamental o global. Estos son los “núcleos”  fundamentales que hoy percibimos. Se trata de aquello que está en la raíz de nuestras experiencias y que siendo complejas problemáticas tienen también la capacidad de ser transformadas en algo nuevo.

Sabemos que no basta ver la realidad desde una mirada meramente sociológica o exclusivamente desde la perspectiva de las ciencias humanas, para conocer los tiempos, sus características y condicionamientos y comprender  -en su dinamismo interno- los fenómenos históricos. Para nosotros es preciso además interpretar la realidad desde la contemplación de la fe, preguntarnos por la voluntad de Dios y descubrir su plan y su designio de salvación en acción como misterio que -desde el Señor de la Pascua- se convierte en muerte y resurrección para la Iglesia y el mundo en este presente.

Vislumbramos un misterio de muerte en todo lo que hay de pecado y obstáculo por superar; y un misterio  de resurrección en cuanto hay de salvación y liberación.

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