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Queridos hermanos y hermanas:

Les hago llegar mi saludo cordial a todas las comunidades que conforman nuestra Arquidiócesis y a cada uno de sus integrantes. ¡Que el Señor los bendiga con abundancia!

El motivo de esta carta es la cercanía de la cuaresma que comenzaremos, Dios mediante, el próximo 1° de marzo, miércoles de ceniza. Quiero invitarlos a vivir con intensidad este tiempo “fuerte” del año litúrgico.

La cuaresma nos prepara para celebrar la Pascua de Jesús, es decir, su triunfo sobre el pecado y la muerte, y sobre todo para festejar con mucha alegría su resurrección. Al mismo tiempo, la cuaresma nos dispone para renovar la gracia de nuestro bautismo, por el que fuimos injertados en la Pascua de Jesús. Nos lo recuerda el apóstol san Pablo: “¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva” (Rom 6, 4).

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