Vida consagrada en Córdoba

Memoria compartida en la Fiesta en honor a la Santísima Virgen Nuestra Señora del Rosario del Milagro. domingo 4 de Octubre de 2015, en el Año de la Vida Consagrada.

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Recordamos nuestra Iglesia particular de la Arquidiócesis de Córdoba. Es la “Córdoba de la Nueva Andalucía” que fundara Don Jerónimo Luis de Cabrera en 1573 junto al río Suquía. Es la Córdoba “de las campanas” como la denominó el poeta. Es, también, la primera diócesis erigida en el territorio que hoy denominamos República Argentina. Esto aconteció allá en 1570 y el decreto de creación de la diócesis lo firmó el Papa San Pío V.

Hacemos memoria de los que nos precedieron

Nos has llamado, Señor, en esta Arquidiócesis de Córdoba que recibió la primera evangelización de las Órdenes religiosas que llegaron con los españoles: franciscanos y dominicos, mercedarios y jesuitas.
Iglesia diocesana que en con más de 400 años de vida ha celebrado diez Sínodos para sembrar mejor el Evangelio en el corazón de cada persona y de la sociedad.
Queremos hacer memoria de quienes nos precedieron en la fe y en la tarea de primer anuncio: memoria de San Francisco Solano que caminó por nuestras tierras, de los Santos Mártires Rioplatenses y de San Alberto Hurtado que estudiaron en la comunidad jesuita de la Compañía de Jesús.

Córdoba del testimonio de la vida consagrada en los monasterios, presentes entre nosotros desde los albores de nuestra historia, desde que éramos una pequeña aldea: el Monasterio de las Catalinas de 1613, el Monasterio de las Carmelitas Descalzas de 1628. Y más acá en el tiempo, Córdoba de las hermanas contemplativas del Divino Amor, y de las monjas benedictinas.
Córdoba, de los Institutos Seculares y de las Vírgenes Consagradas.

Comunidad diocesana del varias veces centenario Seminario Mayor “Nuestra Señora de Loreto” en donde se formó sacerdote nuestro querido Beato el Cura Brochero.
Córdoba, cuna de congregaciones y fundaciones nacidas aquí como manantiales de vida: Córdoba del Obispo José de San Alberto y las Hermanas Huérfanas (Carmelitas de Santa Teresa de Jesús), del Obispo Reginaldo Toro y las Hermanas Dominicas de San José, del Vicario Jerónimo Clara y las Hermanas Concepcionistas, del Padre Brochero, del Padre León Torres y las Hermanas Mercedarias del Niño Jesús, de la Madre Tránsito Cabanillas y las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, de la Madre Catalina de María Rodríguez, del Padre Luque y las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús. Del Padre Bustamante y las Hermanas Adoratrices Argentinas.

Llamados y convocados a la tarea de sembrar tu Palabra con el compromiso evangelizador de Fray Mamerto Esquiú, nuestro Obispo franciscano comprometido en la evangelización, la promoción social y el brillante orador de la Constitución Nacional. Cada día queremos detenernos con dedicación y amor especial en tu Palabra, para alimentarnos de ella, para convertirnos en oyentes de tu Palabra con corazón de discípulos: “Con un oído en el Evangelio y otro puesto en el Pueblo” como nos enseñó el Obispo Auxiliar de Córdoba (y luego Obispo de la Rioja) Enrique Angelelli.

Con el trabajo silencioso de tantos religiosos y consagrados que a lo largo de nuestra historia entregaron y entregan sus vidas en colegios, hospitales, cárceles, comedores, misiones populares, catequesis.
Queremos hacer memoria también de tantos hermanos y hermanas consagrados que ya han partido a la Casa del Padre y que nos esperan en la Patria del Reino para encontrarnos para siempre en la Pascua sin fin y sin límites, en la nueva creación con el Padre, el Hijo y el Espíritu. Junto a María, estrella de la evangelización, María del Rosario del Milagro que hizo nacer y acompaña desde siempre nuestra fe. Amén.

“Kubernesis” y moralidad política. Hagamos memoria en estos días importantes, recuperemos la identidad y dejémonos inspirar por los grandes de ayer y de hoy.