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Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicacio

"El tema de la familia está en el centro de una profunda reflexión eclesial y de un proceso sinodal que prevé dos sínodos, uno extraordinario –apenas celebrado– y otro ordinario, co...

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Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2015

El 18 de Febrero de 2015 con el Miércoles de Ceniza comienza el Tiempo de Cuaresma, que finaliza el 29 de Marzo con el inicio de la Semana Santa. La Cuaresma es...

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Indulgencias por el Año de la Vida Consagrada

Ciudad del Vaticano, 28 noviembre 2014 (VIS). El Santo Padre, con ocasión del Año de la Vida Consagrada, concederá indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y or...

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"El tema de la familia está en el centro de una profunda reflexión eclesial y de un proceso sinodal que prevé dos sínodos, uno extraordinario –apenas celebrado– y otro ordinario, convocado para el próximo mes de octubre. En este contexto, he considerado oportuno que el tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales tuviera como punto de referencia la familia. En efecto, la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar. Volver a este momento originario nos puede ayudar, tanto a comunicar de modo más auténtico y humano, como a observar la familia desde un nuevo punto de vista".  

Mensaje completo del Santo Padre Francisco para la XLIX Jornada Mundial de las Comunicaciones SocialesComunicar la familia:  ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor. 

Claves del Mensaje 

• La familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar.

• En el seno materno que nos acoge, es la primera "escuela" de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo.

• En la familia se aprende a hablar la lengua materna, es decir, la lengua de nuestros antepasados (cf. 2 M 7,25.27). En la familia se percibe que otros nos han precedido.

• La familia es el contexto en el que se transmite esa forma fundamental de comunicación que es la oración.

• En la familia lo que es verdaderamente la comunicación como descubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras.

•  La familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón. El perdón es una dinámica de comunicación:

•  Tienen mucho que enseñarnos las familias con hijos afectados por una o más discapacidades.

•  La familia puede ser una escuela de comunicación como bendición.

• Hoy, los medios de comunicación más modernos, que son irrenunciables sobre todo para los más jóvenes, pueden tanto obstaculizar como ayudar a la comunicación en la familia y entre familias.

•  El desafío que hoy se nos propone es, por tanto, volver a aprender a narrar.

• Un ambiente en el que se aprende a comunicar en la proximidad y un sujeto que comunica, es una "comunidad comunicante".

• La familia más hermosa, protagonista y no problema, es la que sabe comunicar, partiendo del testimonio, la belleza y la riqueza de la relación entre hombre y mujer, y entre padres e hijos. 

Cuaresma-2015-H

El 18 de Febrero de 2015 con el Miércoles de Ceniza comienza el Tiempo de Cuaresma, que finaliza el 29 de Marzo con el inicio de la Semana Santa. La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un ''tiempo de gracia'' , así lo afirma el Santo Padre Francisco en el Mensaje para la Cuaresma 2015 cuyo título es "Fortalezcan los corazones". El documento está fechado en el Vaticano el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís.

"Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: ''Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero'' . Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen? Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.

La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.

Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad . Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.

El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación".  Texto completo

25 de Enero de 2015
Homilía Dominical Misa Radial Cadena 3
Domingo 3º Tiempo Ordinario
Monseñor Carlos José Ñáñez
Arzobispo de Córdoba

Jonás 3,1-5.10. Salmo 25(24),4-5ab.6.7bc.8-9. I Corintios 7,29-31. Marcos 1,14-20.

Queridos hermanos y hermanas:

Conviene que tengamos en cuenta el contexto en el cuál se desarrolla nuestra celebración dominical. En primer lugar estamos en un tiempo en que comúnmente llamamos “de vacaciones”, en donde disminuyen, de alguna manera las actividades. Hay mayor tiempo dedicado al descanso, y es la oportunidad también para dar lugar a una reflexión más amplia, más serena, acerca de nuestra vida, acerca de los acontecimientos.

Precisamente también nosotros celebramos esta eucaristía cuando vemos que en nuestra Patria hay una situación muy delicada, y entonces conviene que redoblemos nuestra oración en favor de nuestra Patria. Y al mismo tiempo conviene que precisamente reflexionemos serena y profundamente sobre lo que estamos viviendo.

Por otra parte celebramos esta eucaristía en esta Parroquia que honra de modo especial a San Juan Bosco. El próximo 31 de enero será la fiesta litúrgica de este santo, un pastor y un educador de los niños, los adolescentes y los jóvenes.
El evangelio que acabamos de escuchar hace referencia a la detención, al arresto del precursor de Jesús, de Juan el Bautista. Todos sabemos, el Evangelio nos lo narra, que por defender la verdad le vale la cárcel y después el martirio. Juan da su vida por la Verdad. Viendo como están las cosas Jesús se retira de ese ámbito y se va hacia Galilea, una zona en donde el clima social y religioso era un poco más sereno, sin embargo tampoco allí faltarán las dificultades. El Evangelio nos va a poner al tanto de eso.

Y ahí, en Galilea Jesús comienza su predicación anunciando la proximidad, la cercanía del Reino de Dios que no es otra cosa sino la cercanía de Dios mismo que quiere regalar su perdón, que quiere dar la oportunidad para un nuevo comienzo. Este es el Reino, un empezar de nuevo. Ahora, ese Reino supone una conversión, es decir un cambio interior, un cambio de actitudes. Y la perspectiva evangélica de ese cambio es ir hacia adelante, es ir hacia lo que propone Jesús, hacia una nueva creación, hacia un nuevo corazón, un corazón que es ante todo don de Dios, obra suya, pero un don, una obra que tiene que ser libremente recibida por cada persona, esto en tiempos de Jesús, esto en todos los tiempos también para nosotros. El Reino de Dios está cerca nuestro. Dios nos ofrece su amistad, quiere regalárnosla, quiere obrar en nosotros la transformación interior, pero solo lo hace si nosotros abrimos nuestro corazón, si nosotros comprometemos nuestra libertad. Y esa nueva creación supone recuperar, si cabe hablar así, lo auténtico de la primera creación. Dios nos creó para la verdad. Dios nos creó para el bien. Dios nos creó para que seamos felices.

Ahora, supone también tener presente el drama de la historia humana porque, a instigación del enemigo, del demonio, que no es un cuentito para asustar a los niños, existe, e instiga al mal. Y es precisamente quien instiga a sospechar de Dios, a desconfiar de él. Fijémonos en el relato de la primera caída. En la ingenuidad de esa narración la obra del enemigo siembra desconfianza en Adán: “No es así como les ha dicho Dios, los está engañando”. Pone la desconfianza, la sospecha, pero propone una mentira. El hombre, siguiendo la instigación del demonio se da cuenta que queda desnudo, con las manos vacías. Ahora, la propuesta de Jesús es una renovación, un cambio interior, es el perdón de toda falta, el olvido de los pecados. Esto, hace poco, el papa Francisco lo recordaba en una de sus alocuciones: “Dios perdona, Dios olvida”. Nosotros a veces intentamos olvidar. Siempre nos queda algo cuando hemos recibido alguna ofensa, Dios en cambio perdona y olvida. Lo que Dios perdona desaparece en su presencia. Pero lo maravilloso de esta nueva creación es que Dios perdona, renueva interiormente, transforma el corazón, y regala la posibilidad de ser llamados y de ser en verdad hijos suyos. Este es el regalo y la obra de Jesucristo, por su ofrenda sobre la cruz, por su resurrección nos merece el perdón de los pecados y nos merece la filiación divina, algo inesperado, algo inaudito, algo que acrecienta nuestra dignidad. La tenemos por el hecho de ser criaturas, pero esa dignidad queda acrecentada, dimensionada, de una manera insospechada por esta condición de ser hijos de Dios, estar llamados a ser hijos de Dios.

Y esta dignidad, la de criaturas, sobretodo la dignidad de ser hijos de Dios, es la que fundamenta el respeto que nos debemos a nosotros mismos y que debemos a los demás. Un respeto que debe concretarse desde las cosas más sencillas hasta las cosas fundamentales. Y en ese sentido, el derecho fundamental es el derecho a la vida que debe ser respetado totalmente, desde la concepción hasta su fin natural, porque somos creaturas, porque somos hijos de Dios, porque estamos llamados al menos a serlo, toda vida es sagrada y debe ser respetada.
Ahora, fijémonos lo que sucede a veces. Se suele promover los atentados con respecto a la vida de los niños por nacer. Y fijémonos también en esta incoherencia entre la cultura, en el sentido que hay una preocupación por la ecología, una preocupación por la biodiversidad, una preocupación por la fauna, y está muy bien todo eso, porque el hombre ha sido creado no como dueño absoluto sino como administrador de la creación y debemos cuidarla, pero ¿y la ecología humana? ¿No hay que comprometerse en la defensa de la vida desde el inicio, desde su concepción? Seguro que sí. Un discípulo de Jesús está siempre a favor de este derecho humano fundamental.

Pero fijémonos en lo que ha sucedido en los últimos días en nuestra Patria a propósito de la desaparición trágica con la muerte del fiscal Nisman. Una situación dolorosa, nosotros queremos hacer llegar también en nombre de la comunidad cristiana, de la comunidad católica, nuestras condolencias a la familia, a todos los seres queridos del fiscal Nisman, y queremos rezar por él para que el Señor en su bondad, en su misericordia, lo reciba junto a sí. Pero también es indispensable que se conozca la verdad, y esto es una responsabilidad de los poderes del estado, una responsabilidad exclusiva de los poderes del estado, Por eso, un comunicado de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal, el lunes pasado, instaba precisamente a disipar toda sospecha. de impunidad. Porque el conocimiento y el resplandor de la verdad es la única base de la auténtica justicia.