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La vida, primer derecho humano

Hace unos días el Ministerio de Salud de la Nación ha promulgado un “Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo”, actualización de...

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Encíclica Laudato si’ del Papa Francisco sobre la

Laudato si’ - Un “mapa” para los periodistas - Este texto se ofrece como apoyo para una primera lectura de la Encíclica, ayudando a tener una visión de conjunto y detectar las lí...

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El 18 de junio será publicada la Encíclica del pap

  Fuente: http://vaticaninsider.lastampa.it/es/ La carta papal, que ya ha suscitado las críticas preventivas de algunos ambientes políticos en los Estados Unidos, afrontará el tema de la "inequidad" en la distribución de los recursos, ...

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Domingo 05 de Julio de 2015 - Homilía Misa Radial Cadena 3
14º Domingo durante el Año - Monseñor Carlos José Ñáñez Arzobispo de Córdoba

Ezequiel 2,2-5. Salmo 123(122),1-2a.2bcd.3-4. II Corintios 12,7-10. Marcos 6,1-6.

Queridos hermanos y hermanas, los domingos anteriores contemplábamos al Señor Jesús que enseñaba a través de sus palabras utilizando comparaciones, parábolas, y también a través de sus gestos realizando curaciones. La reacción de la gente frente a este obrar de Jesús era de asombro por la autoridad de su enseñanza, por el poder de sus obras. Entre esta gente asombrada había alguna que se destacaba sobre todo por su confianza. Pensemos en la mujer que se acercó a él para tocar su manto con la intención de quedar curada, o sobre todo la confianza de Jairo que va a pedir por su hija y que incluso cuando recibe la noticia de que su hija ha muerto, apoyándose en la palabra de Jesús continúa confiando en él. Y los discípulos, ¿cómo reaccionan?, también con asombro aunque a veces con desconcierto. “¿Quién es este, se preguntan, que hasta la tormenta y el mar le obedecen?”

Y hoy lo vemos a Jesús yendo a su pueblo, al lugar donde él se había criado. Y ¿cuál es la reacción de sus paisanos?, también de asombro. Pero si nos fijamos bien un asombro que se va transformando en sospecha, en reticencia, en resistencia. ¿Qué es lo que pasó en esta gente?, y, se dejó ganar un poco por la vanidad: “¡Si este es de los nuestros!, ¿qué va a venir a enseñarnos?” O también por la envidia: “¿De dónde saca todo eso que enseña?, ¿de dónde ese poder si su familia es de acá, si la conocemos?, una familia común, y además él es un obrero entre nosotros, es el carpintero”. Y podríamos decir también en aquel entonces como un albañil, un oficio modesto. Y entonces este proceso que vive la gente de Nazareth nos ayuda a pensar que en el proceso de nuestra fe, de la asimilación de la vida de la gracia hay un camino, y que poco a poco nosotros podemos y debemos afianzarnos en ese camino. Pero también esto nos hace pensar de que en el enfriarse de la fe, en el alejarse de las cosas de Dios también se da un proceso. Normalmente no se da en un instante, esto es lo que les pasó a los paisanos de Jesús, se fueron como alejando de él y terminaron distanciándose, incluso rechazándolo, según nos cuenta otro de los evangelistas, san Lucas.

Y entonces esto nos invita a todos nosotros a cuidar nuestra fe. Veíamos también la otra vez que Jesús invitaba a sus discípulos a pasar a la otra orilla y ahí nosotros tenemos que redescubrir que Jesús nos está invitando constantemente a pasar a otra orilla, a la orilla de la fe, que no nos quedemos en una mirada simplemente humana sino que tratemos de mirar las cosas desde la perspectiva de Dios nuestro Señor, desde la perspectiva de la fe. Y entonces, ese cuidar la fe significa ante todo pedir el don. Los discípulos de Jesús en alguna oportunidad se sintieron interpelados por lo que sucedía y le dijeron a Jesús: “Señor, auméntanos la fe”. Y esto es lo que tenemos que hacer nosotros como creyentes, siempre: “Señor, auméntanos la fe”, esta tiene que ser una de nuestras oraciones, sencillita pero auténtica, confiada.

Y también tenemos que procurar tener el corazón abierto lo cual no es sencillo. Tener el corazón abierto a lo que Dios quiera decirnos, a las cosas de Dios. También saber ser pacientes en nuestra fe porque los tiempos y los caminos de Dios no son nuestros caminos ni nuestros tiempos. Y saber ser perseverantes en nuestras convicciones, en nuestra adhesión al Señor, conservando siempre, siempre, a pesar de las adversidades, la apertura del corazón, sabiendo que en este proceso de la fe las cosas de Dios tienen su dinámica. Recordemos también una de las enseñanzas que veíamos hace unos domingos, la de la semilla que depositada en la tierra va creciendo, y así también la Palabra puesta en el corazón va haciendo su obra. Y normalmente esa obra tiene comienzos modestos como la semillita de mostaza pero que puede crecer y puede convertirse en un arbusto grande capaz de cobijar a los pájaros del cielo.

Y que la fe tiene caminos a veces desconcertantes pero siempre fecundos. Pensemos en lo que nos testimoniaba hace un instante el apóstol san Pablo, él hablaba de las dificultades, de las contradicciones, de los fracasos que ha tenido en su obra apostólica y dice: “Si me tengo que gloriar de algo me voy a gloriar de mis debilidades porque cuando soy débil…”, ahí actúa la fuerza de Dios y entonces se da esa aparente contradicción: “…cuando soy débil, entonces soy fuerte”, porque no estoy haciendo las cosas por mis fuerzas sino con la fuerza de Dios. Entonces, me parece que en esta circunstancia, nosotros aleccionados por esta escena evangélica y por su enseñanza, podemos pedir con fuerza, por intercesión de la Virgen Santísima, mujer de fe, la gracia de vivir una fe que sea paciente, constante, coherente, y que sea cada vez más firme. Por eso siempre de la mano de la Virgen pedirle al Señor: “Señor, auméntanos la fe para estar cerca de Jesús, para estar íntimamente unidos a él”.

Por otra parte, hoy, mis queridos hermanos, aquí en la provincia de Córdoba, en la hermana provincia de La Rioja, en la Capital Federal, en numerosas localidades, se realizan elecciones sobre las cuáles se postulan las nuevas autoridades, se eligen las nuevas autoridades. Me parece que es una oportunidad para poner en juego nuestra responsabilidad al elegir con cuidado a quienes van a gobernar los destinos de nuestras ciudades, de nuestras provincias. Es una oportunidad también para poner en juego la madurez cívica que significa aceptar los resultados de las distintas elecciones, también para poner en juego la grandeza de alma que nos mueva a colaborar de forma de estar siempre aportando al bien común, al bien de toda la sociedad. Pero es también una oportunidad para que nosotros desarrollemos lo que podríamos llamar la memoria cívica en el sentido de estar atentos al desempeño de las distintas autoridades elegidas y verificar el cumplimiento de aquello que se ha propuesto en vistas a tenerlo presente en futuras elecciones. Entonces pidamos también hoy en nuestra oración, por nuestra patria y para que nosotros elijamos con responsabilidad seleccionando propuestas y candidatos que nos parezcan que pueden promover entre nosotros el bien de toda la sociedad.

También quisiera insistir en algo que hemos señalado en otras oportunidades con respecto a algunos episodios de violencia ciudadana que se han dado entre nosotros, alguno de los cuáles han tenido consecuencias trágicas. Tenemos que decir una vez más que no se puede, no se debe recurrir a la justicia por mano propia porque no es una solución, al contrario, agrava los problemas generando las situaciones de resentimiento y de rencor. Y entonces ¿por dónde pasa la solución?, me parece, por desarmar los corazones, lo cual significa no dar lugar a torpezas, a malos tratos, a rivalidades, a resentimientos, a rencores, que van generando todas esas situaciones de violencia. Otra gracia que tenemos que pedir a Dios nuestro Señor, que pacifique nuestros corazones, que nos ayude a sanar interiormente para poder vivir de una manera digna en condiciones que posibiliten una convivencia pacífica.

Al mismo tiempo tenemos que pensar que es importante que se dé una condición de vida digna para todos, para todos. Y esto debe ser preocupación de las autoridades y preocupación de toda la sociedad porque la inequidad favorece precisamente el resentimiento, el rencor, la oposición. No podemos permitir que nuestra ciudad, que nuestra patria, se enferme de violencia. Tenemos que contribuir todos para vivir respetuosamente, dignamente, en paz, reconociendo solidariamente como conciudadanos, más aún, construyendo una patria de hermanos. Esto es lo que nos propone también nuestra fe, esa fe que queremos que sea cada vez más honda recibiéndola como don del Señor y comprometiéndonos personalmente, esa fe que actúe por nuestras obras de manera tal de buscar ese tipo de convivencia que sea auténticamente humana, verdaderamente digna, pacífica.

Y a esto se lo pedimos al Señor por intercesión de la Virgen Santísima que desde Luján, desde el Valle, desde Itatí, desde el Rosario del Milagro, nos está diciendo, como señalamos en la Oración por la Patria: “Argentina canta y camina”, pero solo podemos cantar si caminamos en paz, si buscamos la concordia. Por eso, mis queridos hermanos, pongamos esta oración en manos de la Virgen Santísima y pongamos también un compromiso serio de construir una convivencia verdaderamente digna entre nosotros. Que así sea.

Monseñor Carlos José Ñáñez
Arzobispo de Córdoba

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Nos une la fe. Nos une la esperanza. Nos une el respeto aunque tengamos distintos credos. Nos unen los lazos de amistad. Nos une el deseo de ser buenos ciudadanos. Nos une el anhelo de cuidarnos como hermanos. Nos une la opción por los VALORES. 

Celebración Interreligiosa por la Patria, el jueves 2 de Julio a las 19 horas en la Capilla del Buen Pastor, de la ciudad de Córdoba, Argentina. Con la presencia de todos los líderes religiosos. Invita: Iglesia Católica de Córdoba, COMIPAZ y Centro Cristiano de Córdoba. 

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Hace unos días el Ministerio de Salud de la Nación ha promulgado un “Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo”, actualización de la “Guía técnica para la atención integral de los abortos no punibles” editada en el año 2010 por el mismo Ministerio.

1- Con sorpresa constatamos que, en lugar de procurar caminos de encuentro para salvar la vida de la madre y su hijo, y de buscar opciones verdaderamente terapéuticas y alternativas, las autoridades obligan a impulsar el aborto. El nuevo texto incluye un cambio sustancial respecto al documento anterior al eliminar el concepto de “abortos no punibles”, sustituyéndolo por “derecho a la interrupción legal del embarazo (ILE)”. Esta terminología evade la realidad jurídica de que no existe en nuestro país un “aborto legal” ni un “derecho al aborto”.

2- Entre otros cambios en el actual Protocolo se encuentra la ampliación, de hecho, de la causal derivada del peligro para la vida y la salud de la madre. No hace referencia a que ese peligro varía en gravedad si puede o no ser evitado por otros medios y amplía, además, las posibilidades de afectación a la salud incluyendo “el dolor psicológico y el sufrimiento mental asociado con la pérdida de la integridad personal y la autoestima”.

3- Es muy llamativo que se limite un derecho humano fundamental: la objeción de conciencia. Se excluye la objeción de conciencia institucional, siendo que la Ley 25673, creadora del Programa de salud sexual y procreación responsable (ámbito desde el cual se emite este Protocolo), la admite expresamente en su artículo 10. En cuanto a la objeción de conciencia individual, el Protocolo la niega en la práctica cuando obliga a los médicos objetores a practicar un aborto cuando no esté disponible ningún otro profesional dispuesto a eliminar dicha vida. Asimismo, al presentarse como obligatorio para todo el país, el Protocolo se superpone y conculca las autonomías provinciales en materia de salud. El Protocolo va más allá de la legislación vigente y con vicios de inconstitucionalidad.

4- Al no favorecer la denuncia cuando el aborto es producto de una violación, la mira del Protocolo parece estar puesto en la eliminación de la persona por nacer, ignorando la responsabilidad del violador y favoreciendo el encubrimiento de un delito gravísimo.
Recordamos la sabia advertencia ética de San Juan Pablo II cuando expresó que "en el caso de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella". (Evangelium Vitae, 73).

El Papa Francisco acaba de hablarnos en su Encíclica Laudato Si, sobre la ecología integral y humana: “dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades”. Y, citando a Benedicto XVI, Francisco nos recuerda que: “Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social” (Laudato Si, 120).

En una época que se trata de respetar y cuidar la naturaleza y la vida en todas sus dimensiones, llama la atención que desde el mismo Gobierno se desproteja de este modo la vida humana más vulnerable y que se conculquen deliberadamente derechos humanos básicos.
Pidamos a María de Luján que nos enseñe como Nación a cuidar y respetar siempre toda vida humana.

Comisión Ejecutiva
Conferencia Episcopal Argentina
23 de junio de 2015